“Instrúyanse porque necesitamos toda nuestra inteligencia.
Conmuévanse porque necesitamos todo nuestro entusiasmo.
Organícense porque necesitamos toda nuestra fuerza”. (Gramsci)
El mundo hoy es un pañuelo, no queda rincón sin controlar, ya sea militarmente, ya sea políticamente, ya sea económicamente, ya sea culturalmente.
Y en este mundo, en batallas constantes, como en un sanguinario juego de ajedrez, se dirime el futuro de millones de hombres y mujeres sometidos a un pensamiento único.
Los análisis desde la izquierda, entendida ésta como la suma de la diversidad de organizaciones que se reclaman del comunismo, se basan todos ellos casi exclusivamente en cuestiones económicas, manteniendo un discurso constante y repetitivo sobre el deterioro del capitalismo, sobre sus crisis y sobre su agonía, lo cual abrirá las puertas a un período revolucionario en el cual el proletariado será capaz de tomar el poder.
Pero avanzan los años, los decenios, siglos, y, el enfermo agónico no muere sino que revive tras cada crisis, fortaleciendo su presencia y poder que se plasma en el retroceso de ciertas concesiones que hiciera en un momento dado para atenuar la presión que ejercían las organizaciones obreras.
En realidad todo ello ha creado una desazón en esta llamada izquierda que no comprende por qué no se ha hecho realidad la autodestrucción del capitalismo, y sin querer pensar en ello repite mecánicamente el aforismo de la “crisis final del capitalismo”, cuando éste se consolida mutando constantemente, pasando del absolutismo a la democracia parlamentaria, de ésta a lo que se denominó fascismo en los años 20 en Italia y nacionalsocialismo en Alemania en los años 30. Con posterioridad a la segunda guerra mundial, la reconstrucción de lo destruido tanto en Europa como en Japón, inició un largo ciclo de recomposición del capital, con el visto bueno de la izquierda que se abrazó al llamado estado del bienestar.
Pero tras una nueva crisis en 1973, llamada del petróleo, el capital intensificó su permanente reorganización con la introducción de la microelectrónica en los procesos industriales, las reestructuraciones industriales y las llamadas deslocalizaciones llevando la producción a países con salarios bajos y baja organización obrera.
Tras cuarenta años de esta nueva recomposición y no siendo suficiente el añadido de la desmembración de los países del llamado socialismo europeo y Rusia, anunció un nuevo ciclo: La Cuarta Revolución Industrial (“The fourth industrial revolution”), cuyo título fue acuñado en el contexto de la edición del Foro Económico Mundial de 2016 a modo de catecismo laico firmado por Klaus Schwab fundador del Foro Económico Mundial. En él, se va más allá de lo meramente económico. Define las tecnologías que pretenden cambiar el mundo: Biotecnología, robótica, nuevos materiales, internet de las cosas, fuentes de energía y modificaciones conceptuales respecto al ser humano. Y las tecnologías que cambian el mundo digital se pueden sintetizar en la Inteligencia artificial, las cadenas de bloques y las realidades virtuales.
Es una totalidad que engloba ideológicamente la economía y la cultura, destrozando las sociedades y pretendiendo transformar las personas que ya no tendrán un lugar para ser explotadas, debido a los avances de la informática y la robotización, en seres alienados fuera del trabajo asalariado, transformándolos en “instrumentum vocale”, como se definía en la antigua Roma a los esclavos.
Pero estos instrumentos, deben ser transformados en su pensar para que no tengan la tentación de oponerse a esta nueva etapa de reconstrucción del capital. Para ello, el propio catecismo del Foro Económico Mundial antes mencionado, dedica especial atención a la modificación del ser humano que lo remata con la siguiente expresión: “No solo está cambiando el «qué» y el «cómo» hacer las cosas, sino «quién somos».
Y, dentro de esta nueva perspectiva de modificación del ser humano el capital, nace la cultura de la muerte, de la violencia, del asesinato. El 15 de noviembre de 2001, Microsoft Game Studios y Bungie Studios publican el videojuego “Halo: Combat Evolved”, mucho más violento y sangriento que los anteriores. En la trama de Halo el jugador asume el papel de soldado genéticamente mejorado que es acompañado por una inteligencia artificial. Es un videojuego de disparos en primera persona (FPS, first-person shooter) que simula el uso de armas de fuego, con tiroteos rápidos y sangrientos y con resultado de muerte. La Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión se apresuró a galardonar Halo como el “mejor videojuego “.
Al mismo tiempo que impregnaba el mundo cultural juvenil con esta cultura de la violencia y muerte, ya había acuñado el término cultural de “víctima”. Nace la cultura del victimismo cuyo trasfondo se ha ido incrementando, desde que se había circunscrito a las víctimas de la guerra, las víctimas del holocausto…, pero se añadió las víctimas del terrorismo y posteriormente las víctimas de la violencia machista, las víctimas de la homofobia, las víctimas de la pobreza, las víctimas del calentamiento global…
“Crítica de la víctima” fue publicado por Daniele Giglioli en 2014 (Figure Nottetempo). Se enfoca en la ética victimista que ofrece una universalidad espectral, irresponsable (el que está del lado de las víctimas, nunca se equivoca). Dicha universalidad crea una nueva clase social impune y poderosa: “de ahí el emerger de esa forma enfermiza de la aristocracia del dolor, de la meritocracia de la mala suerte y en secreto, aunque a veces ni siquiera eso, de la convicción de que, “si nos odian, es porque somos mejores… la prosopopeya de la víctima refuerza a los poderosos y debilita a los subalternos. Privatiza la historia. Confunde la libertad con la irresponsabilidad… La víctima es el héroe de nuestro tiempo. Ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable”.
El discurso elaborado sobre el transexualismo coincide plenamente con las órdenes emanadas de las élites corporativas mundiales. Y como continuación la compra-venta de criaturas a demanda por medio de los úteros de alquiler o su creación mediante úteros artificiales cuta tecnología está ya desarrollada. Todo a mayor gloria del mercado para satisfacer una “necesidad” anteriormente creada para las personas económicamente solventes, a las cuales también se las anuncia como víctimas de la intolerancia.
Y mediante estas propuestas el capital reorganiza también algo que a su entender estaba siendo debilitado: La hegemonía.
LA HEGEMONÍA
“La hegemonía es la capacidad de unificar y mantener unido a través de la ideología un bloque social que no es homogéneo; al contrario, tiene profundas contradicciones. La idea, es impedir que estas contradicciones estallen, produciendo una crisis en la ideología dominante y su consecuente rechazo”. (https://concepto.de/hegemonia/ )
El término hegemonía deriva del griego eghemonero que significa guiar, preceder, conducir. Sin duda, dentro de los militantes revolucionarios, Gramsci fue quien más se preocupó para analizar y definir este término mediante el cual el capital afianza su poder.
Gramsci nota que la clase dominante ejerce su poder no sólo por la coacción, sino a través de la dirección cultural de la sociedad, porque logra imponer su visión del mundo a través de la escuela, medios de comunicación etc., lo cual fortalece y consolida su predominio económico. De igual manera, busca consensos para asegurar su hegemonía tomando a su cargo algunos de los intereses de los grupos dominados.
Gramsci se aleja del “determinismo económico” y construye la categoría de hegemonía para analizar y proponer la acción política, enfatizando la subjetividad, otorgando un lugar importante a la ideología y a la dirección política y cultural, restableciendo de este modo la relación dialéctica entre estructura y superestructuras.
En un proceso dialéctico, para que el proletariado llegue a modificar sustancialmente su conciencia, es preciso que se modifiquen en un sentido radical las condiciones sociales que le dan sustento e inversamente para que las condiciones materiales se modifiquen, es preciso que este proletariado desarrolle una batalla intelectual y moral para construir su propia hegemonía.
El capital tiene muy en cuenta este concepto y edifica todo un entramado para evitar que un proletariado semifragmentado pueda “pensar” de forma alternativa todo el mundo cultural que tiene a su alrededor. Aunque en la actualidad sea un proletariado que juega un papel semejante al que describe Ricardo Gullón en la introducción a La Incógnita de Benito Pérez Galdós: “Intuye un drama del que no es parte y en el que no puede intervenir si no es como intruso. Quisiera ser actor y no pasa de espectador; incluso si salta al escenario, será para perturbar la presentación, no para participar en el drama”.
CAPITALISMO & IMPERIALISMO
La diferencia entre capitalismo e imperialismo, es tan solo un análisis sobre la superación de la crisis y para mantener los ritmos, más rápidos de extracción de plusvalía y de acumulación de capital.
Aunque pienso que equivocadamente, John Atkinson Hobson en “Estudio del imperialismo” (1902), atribuye el nacimiento de éste a lo que denomina subconsumo en las metrópolis (Gran Bretaña en este caso). Lo que Hobson quiere decir es que el incremento de la inversión británica en el exterior está relacionado con el relativo estancamiento económico interior de Gran Bretaña, vinculado a su vez a la baja calidad de vida de la población y a una desigual distribución de la riqueza que lo describe de la siguiente forma: “…la distribución no está ligada a las necesidades, sino que depende de otros factores que atribuyen a determinadas personas un poder adquisitivo que supera con creces sus necesidades e incluso sus posibles usos, mientras que otros se ven privados de los medios para satisfacer ni siquiera las necesidades de la integridad física”
Hobson, no se consideraba seguidor de Marx ni de la AIT, era un laborista inglés que defendía una más justa distribución de la riqueza sin impugnar el sistema de extracción de plusvalía, lo cual no tiene mucho sentido mientras se mantenga un modelo societario en el cual el ser es inferior al tener.
EL LENGUAJE DE LA CONFUSIÓN
Si nos entretenemos en leer, aunque sea solamente los titulares de las publicaciones, resoluciones, comunicados y manifiestos del conjunto de la izquierda ya sea ésta comunista, anticapitalista, tercermundista, progresista, etc., nos daremos cuenta de un batiburrillo de definiciones a cual más esperpéntica. En algunas se contrapone capitalismo a imperialismo, en otras de acusa de fascista a cualquiera que ponga en entredicho el carácter antropogénico de la subida del nivel del mar o de las olas de calor. Asimismo merece, en estas publicaciones, el apelativo señalado quién afirma que no se nace con el sexo equivocado, o mantiene alguna posición sobre la afluencia migratoria que no concuerda con la versión gubernamental. Nazi y fascista no son términos actualizados, son básicamente palabras, que utiliza esta izquierda woke, para mantener las prebendas derivadas del control gubernamental en su mayoría y de las sustanciosas subvenciones hacia las llamadas “organizaciones de la sociedad civil”.
Las características del fascismo italiano y del nacionalsocialismo alemán fueron reacciones políticas del capital ante un incremento de la organización obrera.
En Italia, sin entender lo que significó el“Biennio Rosso”(1919-1920) en el cual en las empresas más importantes se habían creado Consejos Obreros cuyas funciones eran la organización de la producción y el control de los técnicos y directivos, así como el control financiero. Empezó en Turín y se fue extendiendo al resto de Italia. Y en 1920 en el Piamonte y Lombardía más de medio millón de obreros se declararon en huelga. Cuando la patronal italiana pretendió realizar un cierre, el proletariado contestó organizándose ocupando las fábricas de toda Italia y creando un cuerpo militar: los Guardias Rojos.
El peligro para el capital era inminente, y la solución fue militar mediante el fascismo.
Algo similar había ocurrido en Alemania, que antes de dar por finalizada la primera guerra, miles de soldados desertaban del frente, y en Kiel cuando la derrota alemana ya era una certeza, se ordenó a la flota imperial alemana librar una batalla contra la flota inglesa. La negativa de los marineros a zarpar marca el comienzo de la Revolución alemana. El ejemplo de divisiones rusas que desobedecen a los decadentes mandos zaristas y forman soviets de soldados, trascendió las fronteras.
La revuelta de los marineros de Kiel constituyó el punto de partida de la ola revolucionaria. En febrero de 1918, los marineros del crucero blindado Sankt Georg se amotinaron, lo mismo ocurrió en el crucero Kaiser Karl VI, en dos cruceros ligeros, y en unas dos docenas de destructores anclados en Montenegro.
Ya en abril de 1917, los socialdemócratas independientes convocaron huelgas en Hamburgo, Bremen, Nüremberg, Leipzig y Berlín, donde una multitudinaria asamblea obrera adoptó una resolución que combinaba demandas inmediatas de aumento del racionamiento alimenticio con reivindicaciones políticas como derogar el estado de sitio y liberar los presos políticos.
El ejemplo de la Revolución rusa se expandió por Europa central y una ola de huelgas y manifestaciones comenzó en Viena, prosiguió en Budapest y en los territorios checos y culminó con la revuelta de la flota austrohúngara del mar Adriático.
El Estado alemán tras la capitulación, no tenía confianza en los soldados regulares que habían participado en la guerra para aplacar las revueltas y recurrió a los llamados Freikorps (cuerpos francos). Se trataba de una fuerza de unos 4.000 mercenarios voluntarios bien armados, bien remunerados, seleccionados por su odio al bolchevismo, e instruidos para combates callejeros, que fueron utilizados para aplastar a los consejos.https://www.marineros-constitucionalistas-chile.com/a-102-anos-de-la-insurreccion-de-los-marinos-de-kiel/
En las elecciones de 1930 mientras el partido socialdemócrata (SPD) perdía votantes y escaños parlamentarios, el Partido Comunista (KPD) experimentó un crecimiento considerable, ocupando el tercer lugar con cuatro millones y medio de votantes y 77 escaños, un aumento de 23 con respecto a 1928. Ante este aumento considerable de adhesiones al partido comunista, quedaba en la memoria del capital los sucesos de 1917-1918 que con su movimiento de Consejos precipitó la caída del Imperio, y no es nada extraño que el capital alemán financiara y promoviera una formación política que tenía sus raíces en la organización de los paramilitares Freikorps, organizados para combatir y eliminar a los militantes comunistas, espartaquistas y del partido socialdemócrata independiente durante la sublevación de Berlín de 1919, así como para aplastar la República Socialista de Baviera.
Se trataba del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) que obtuvo más de seis millones de votos y que fue el depositario de las esperanzas del capital alemán para impedir sucesos como los de 1918.
Pero desde el final de la segunda guerra mundial, cabe preguntarse si a razón de los Acuerdos de Yalta, o de las promesas del estado del bienestar, la cuestión es que el capital no se ha visto amenazado de nuevo. El proletariado se ha resignado a convocar de cuando en cuando una huelga de un día, una manifestación, siempre dentro de un orden. Y podemos llegar a la conclusión de que el capital no precisa de una respuesta como la que dio a los revolucionarios italianos en los años 20 del siglo pasado, ni como la de Alemania de de los años 20 y 30.
En base a una reflexión sobre los conceptos fascismo y nazismo, su origen, sus motivaciones y sus soluciones de hace un siglo, debemos analizar hoy como denominamos a la ofensiva del capital en esta cuarta revolución industrial, en la cual si alguien debería obtener este apelativo serían los artífices del golpe de estado mundial de 2020 que arrestó y mantuvo encerrada la mayor parte de la población mundial, mientras reorganizaba sus finanzas, su tejido industrial y su cultura, convirtiendo el mundo en un inmenso campo de concentración custodiado por los modernos Adolf Eichmann y Josef Mengele encarnados en los personajes participantes en el Event 201 (https://www.weforum.org/press/2019/10/live-simulation-exercise-to-prepare-public-and-private-leaders-for-pandemic-response/ ) celebrado el 18 de Octubre de 2019, concretamente Bill Gates y Antony Fauci.
Todos los demás, a los que alegremente se les atribuye despectivamente este epíteto, deberíamos calificarlos con otras denominaciones, ya sea conservadores, de derechas, reaccionarios, autoritarios, etc., ya que el apodo fascista es el inventado por los gobiernos socialdemócratas al estilo de la fábula “Que viene el lobo” para mantener el tejido societario, y al proletariado en particular agobiados y paralizados por el miedo, y por lo tanto que opten por “el mal menor”.
Si no nos enfrentamos al “mal menor” nuestra suerte está echada, no por un fascismo surrealista, sino por un progresismo criminal a nivel mundial que está dispuesto a matar personas y cerebros. Progresismo que es la nueva faceta del capital hoy, en plena institución de la citada Cuarta Revolución Industrial que para implantarla en su totalidad prefiere un discurso que no huela a reaccionario para así confundir todavía más al proletariado, demostrando su grado de hegemonía a todos los niveles: económicos, industriales y culturales. Y a este juego se han prestado multitud de gobiernos, entre ellos el de nuestro país.
Los que nos proclamamos comunistas debemos ir más allá de la reivindicación de “más de lo mismo” o de “una mejor redistribución de la riqueza”, y penetrar a fondo en el tejido cultural, que es la base para convertirnos en los “instrumentum vocale” mencionados.
Josep Cónsola
Diciembre 2025






