ALGO HEMOS HECHO MAL (4)

Centenares, miles de veces, el proletariado, y los comunistas al frente, han enfrentado al Gobierno de turno, ya sea este con características autoritarias o democráticas. Pero raras veces, por no decir nunca, se han enfrentado al Poder. De acuerdo con la definición de Max Weber, el poder se entiende como  “Cualquier probabilidad de imponer la propia voluntad dentro de una relación social, aun contra toda resistencia”.

¿Por qué no nos hemos enfrentado al Poder? ¿Cuál es la fuerza que nos ha paralizado? ¿Hemos comprendido quien tiene el Poder?

Pues tal algo hemos hecho mal, y no ha sido por falta de arrojo de los militantes comunistas que han sufrido en carne propia amenazas, detenciones, torturas, encarcelamientos y muerte en muchas ocasiones.

El sociólogo británico Steven Lukes, en su obra El poder: un enfoque radical (1975), propuso una dimensión en la cual la forma más eficaz e insidiosa de poder no es forzar a alguien a hacer algo en contra de su voluntad, ni siquiera impedir que sus quejas se escuchen. La forma suprema de poder es influir en los deseos y pensamientos de las personas hasta el punto de que acepten su situación como natural o inevitable.

Sostiene que el Poder se ejerce moldeando las percepciones y preferencias de la gente. Se logra porqué los que deberían enfrentarse a él no conciben una alternativa posible, como ejemplo el famoso “There is no Alternative”, atribuido a Margaret Tatcher)

Según Lukes entender qué es el Poder implica analizar cómo la ideología, la cultura y los procesos de socialización pueden llevar a las personas a actuar en contra de sus propios intereses reales sin siquiera ser conscientes de ello.

Para que el poder sea estable no basta con la fuerza; necesita legitimidad. La legitimidad es la creencia de que la autoridad de los gobernantes es justa y, por tanto, debe ser obedecida. El Poder no trata solo de ganar batallas políticas abiertas, sino de la habilidad para controlar la agenda y de moldear las percepciones y deseos de las personas para que acepten el orden social existente.

Las manifestaciones más importantes del poder son en muchas ocasiones las menos visibles. Nos obliga a mirar más allá de las decisiones formales y a preguntarnos qué temas no se discuten y por qué, y cómo la cultura y la ideología pueden generar un consenso que enmascare profundas relaciones de dominación.

Hemos de preguntarnos si con una acción política basada casi exclusivamente en reivindicaciones materiales basadas en una “distribución más justa” de la riqueza, dejando fuera del debate democrático los elementos básicos y fundamentales que constituyen la raíz de la economía, la ciencia, la educación o la salud, discutiendo o reivindicando cambios en la apariencia de los mismos, dejando de lado la esencia.

Como he anotado en ocasiones anteriores, el Poder no pertenece a quién ejerce temporalmente el gobierno, aunque haya ejemplos de larga duración como puede ser el caso de Jordi Pujol (23 años), mantenido por el Poder real encubierto que, puede en cualquier momento tomar la decisión de  sustituirlo como se ha demostrado  cuando dicho Poder ha percibido que no era capaz de atenuar una corriente nacionalista radical que se estaba fraguando, aunque hubiera realizado bien su tarea de adoctrinamiento y de sometimiento al proletariado catalán.

A partir de estas consideraciones, cuando las formaciones comunistas proclaman “la toma del Poder”, no se sabe bien a que se refieren, puesto que impregnadas por el determinismo economicista, no se han parado a reflexionar y analizar los parapetos culturales y su influencia sobre el pensamiento y actuación del proletariado. Proletariado que ha apoyado en multitud de ocasiones los reclamos y protestas de las organizaciones comunistas, cuando éstas se circunscribían a aspectos reivindicativos en lo económico o de contenido social (mejoras en infraestructuras, viviendas, sanidad, educación, …) sin entrar a fondo en los aspectos que quedaban escondidos tras estas reivindicaciones.

Una mejora de las infraestructuras, si bien pueden favorecer el desplazamiento de una parte importante de la población, son al mismo tiempo un campo codiciado por el Poder ya que permiten reestructurar el territorio, maximizando el valor de unos terrenos y desvalorizando otros. Priorizar las altas velocidades llena de contrasentido que distancias de seiscientos kilómetros se puedan recorrer con menos tiempo que las distancias comarcales.

La reivindicación de viviendas de forma genérica, esconde la construcción de una organización social que prima el individualismo por encima del colectivismo, lo cual es muy apreciado por una parte del Poder que le reporta grandes beneficios, sobre todo cuando las dimensiones de las viviendas son cada vez más exiguas. Detrás del telón hay la propuesta de una sociedad compuesta por hogares monoparentales aislados, con poca o nula relación social entre diversas generaciones, con lo cual la relación prioritaria es una relación individuo y administración. El concepto de “barrio” se desvanece y con él se desvanecen los vínculos sociales y solidarios que habían existido anteriormente.

Hace años, en 1997, Zbigniew Brzezinski, afirmaba, con acierto, que: “La dominación cultural ha sido la faceta infravalorada del poder global estadounidense. Piénsese lo que se piense acerca de sus valores estéticos, la cultura de masas estadounidense ejerce un atractivo magnético, especialmente sobre la juventud del planeta. Puede que esta atracción se derive de la cualidad hedonística del estilo de vida que proyecta, pero su atractivo global es innegable. Los programas de televisión y las películas estadounidenses representan alrededor de las tres cuartas partes del mercado global. La música popular estadounidense es igualmente dominante, en tanto que las novedades, los hábitos alimenticios e incluso las vestimentas son cada vez más imitados en todo el mundo. La lengua de internet es el inglés, y una abrumadora proporción de las conversaciones globales a través de ordenador se origina también en los Estados Unidos, lo que influencia los contenidos de la conversación global”. (1) (1) Zbigniew Brzezinski. El gran tablero mundial. Paidos. 1997. Pág. 35

Pero hay una trampa detrás de esta constatación. No es que exista un “atractivo mágico”, es que hay una operación muy bien organizada desde los laboratorios universitarios y difundida por sus discípulos a lo largo de la geografía mundial, para imponer una cosmovisión relacionada con el concepto de libertad de mercado y todos sus derivados sociales, económicos, políticos y sobre todo culturales.

Lukes transcribe el siguiente fragmento del libro de Floyd Hunter, Estructura de Poder: “Los hombres del poder real controlaban el gasto de las agencias dedicadas a los programas de salud y bienestar de la comunidad, tanto en el sector público como en el privado, y las diversas asociaciones de la comunidad, desde los comedores de caridad hasta las organizaciones fraternales [ … ] están controladas por personas que utilizan su influencia de maneras enrevesadas, que cabe agrupar bajo la frase “ser prácticos”, con el fin de controlar la discusión de todos los temas excepto aquellos que tienen el sello de aprobación del grupo en el poder”.  (Floyd Hunter. Community Power Structure: A Study of Decision Makers (Estructura de poder en las comunidades. Un estudio sobre los decididores) 1953.

Ante el fracaso de la revolución en Occidente, Gramsci, se preguntaba: ¿cómo se garantiza el consentimiento de la explotación capitalista bajo las condiciones contemporáneas, en particular las democráticas? ¿Cómo debía entenderse ese consentimiento?

Cuando Gramsci habla de consentimiento, se refiere a un estado psicológico que implica una aceptación, no necesariamente explícita, del orden social, derivado de un compromiso interclasista continuado y renovado en el cual  “Ni el conjunto de los intereses de los distintos capitales, ni los intereses de los asalariados organizados, pueden violarse más allá de límites específicos”. Un gran Pacto Social innombrable que diluye la perspectiva de transformación revolucionaria del conjunto de la estructura social del Capital, Pacto en el cual los asalariados consienten la organización capitalista de la sociedad cuando actúan como si pudieran mejorar su situación material dentro de los confines del capitalismo.

¿Qué explica la persistencia del capitalismo y la cohesión de las democracias liberales? ¿Cuáles son los límites del consentimiento más allá de los cuales se produciría una crisis real del sistema capitalista? No son preguntas fáciles de contestar, aunque el problema reside en que los comunistas del llamado occidente no se han hecho estas preguntas.

Charles Tilly se pregunta: “si la dominación ordinaria lesiona constantemente los intereses bien definidos de los grupos subordinados ¿Por qué obedecen los subordinados? “, y entre algunas de sus respuestas podemos destacar las siguientes: “Los subordinados consiguen algo a cambio de su subordinación, algo que es suficiente para hacerles consentir la mayor parte del tiempo… Como consecuencia de la mistificación, la represión o la pura falta de disponibilidad de marcos ideológicos alternativos, los subordinados no tienen conciencia de sus verdaderos intereses… La resistencia y la rebelión son costosas”. A lo que podemos añadir ¿Qué precio se está dispuesto a pagar para conseguir la emancipación y paralelamente la destrucción del Poder del capital?

Siguiendo las preguntas que se formulaba Lukes encontramos la siguiente: ¿No estriba el supremo y más insidioso ejercicio del poder en impedir en cualquier medida que las personas tengan agravios, recurriendo para ello a modelar sus percepciones, cogniciones y preferencias de suerte que acepten su papel en el orden de cosas existente, ya sea porque no pueden ver ni imaginar una alternativa al mismo, ya sea porque lo ven como natural e irreemplazable?

Poulantzas en su libro Political power and social clases, define su concepto de poder como “la capacidad de una clase social para realizar sus intereses objetivos específicos», definiendo que este concepto “indica los efectos de la estructura sobre las relaciones conflictivas de las prácticas de las diversas clases en lucha”. Dicho de otra manera, el poder no está situado en los niveles de las estructuras, es un efecto del conjunto de relaciones”

Y, Foucault plantea que “El poder resulta tolerable con la condición de que enmascare una parte sustancial de sí mismo. Su éxito es proporcional a su habilidad para ocultar sus propios mecanismos”. Podemos constatar que los detentores reales del poder jamás aparecen en primera línea, son los que Marx en el posfacio de la segunda edición de El Capital en Enero de 1873 denomina (Schwertkämpfer) (“espadachines a sueldo”), a los cuales podemos encontrar desde las cátedras universitarias, hasta los dirigentes de los movimientos sociales, que transmiten mediante mil subterfugios, los intereses del poder, debemos buscar, detrás de las apariencias, las formas de poder ocultas, las menos visibles.

Y, ser muy cuidadosos en nuestro discurso sobre el catastrofismo, ya que debemos en todo momento pulsar el sentimiento del proletariado, no sólo en una realidad objetiva, sino en su percepción subjetiva y, ser capaces de enfrentarnos en nuestro decir y hacer a dicha percepción, para romper el lazo invisible que permite el consentimiento del proletariado hacia el poder del capital.

 

Josep Cónsola

Diciembre 2025