LUZ QUE AGONIZA

El novelista y dramaturgo británico Patrick Hamilton, estrenó la obra teatral “Gas Light” en Londres en 1938, la historia gira en torno a Bella Manningham, una mujer manipulada por su marido que la hace dudar de su propia cordura, entre otras cosas modificando la conducción a las lámparas de gas que usaban en aquellos años, haciéndoles perder su capacidad lumínica.

En 1944 se estrenó la película basada en dicha obra teatral interpretada por Ingrid Bergman y Charles Boyer cuya traducción al castellano fue “Luz que agoniza”. De ahí proviene el vocablo “Gaslighting”  usado en psicología, mayormente relacionado con problemas de relaciones personales. Pero cuando lo aplicamos a las ciencias sociales, a la política, alcanza una dimensión que llega a afectar a millones de personas.

Para no perder nuestra propia cordura es preciso recordar constantemente el “Gaslighting” del año 2020, cuya mejor descripción gramatical debería ser “Covidlighting”, puesto que hizo perder la cordura a una parte importante de la humanidad. Los modernos Charles Boyer, emulados en el Event201 por George Fu Gao (China),  Chris Elias (Fundación Gates), Timothy Grant Evans (Banco Mundial), Avril Haines (Seguridad Nacional EE.UU.), Jane Halton (ANZ Bank), Martin Knuchel (Lufthansa), Eduardo Martinez (UPS), Stephen C. Redd (CDC EE.UU.), Hasti Taghi (Foro Económico Mundial), Lavan Thiru (Finanzas Singapur), Adrian Thomas (Johnson &Johnson) y como comparsa teatral Tedros Adhanom Ghebreyesus (Director de la OMS), fueron los que manipularon las válvulas que dan paso al miedo, al terror y apagaron ilusiones y vidas.

Desde el   Covidlighting, la luz del entendimiento ha ido agonizando cada vez más. Si durante el estado de excepción mundial de 2020 la campaña mediática nos hizo perder nuestra propia cordura, ahora se repite el drama pero con más intensidad con la inestimable ayuda de las aplicaciones de los algoritmos de la Inteligencia artificial aplicados tanto a las operaciones de guerra como a las llamadas reestructuraciones industriales, en un caso el resultado es una ristra de destrucción y muerte, en otro una ristra de descerebrados, desempleados y precarios. Solamente los que forman parte del entramado central y sus acólitos, se salvan.

La muerte puede ser física o social, con la física se acaba el sufrimiento, con la social éste perdura, se intensifica hasta llegar a la total claudicación y sometimiento. A una alienación de la personalidad humana a la que convierten en simples consumidores. Consumen televisión, música, comidas, bebidas, drogas, películas de Netflix, modas…, copia moderna de Eresicton al cual Deméter lo condenó a sufrir hambre eterna y dicen que acabó comiéndose a sí mismo.

Un reciente artículo escrito por Mike Adams, editor fundador de NaturalNews.com, científico ambiental y director científico de laboratorio en CWC Labs, https://www.cwclabs.com/About.html lleva por título “Una crisis de pensamiento”. En él, realiza una serie de advertencias  que son dignas de tener en cuenta paralelamente a las referidas al Gaslighting y que profundiza en los peligros de la Inteligencia Artificial:

…En lo que respecta al despliegue actual de la IA, estamos presenciando algo mucho más peligroso que una corrección del mercado o una burbuja tecnológica. Estamos viviendo un colapso sin precedentes en la cognición humana. Creo que la incesante publicidad en torno a la inteligencia artificial nos ciega ante la verdadera catástrofe: las masas están delegando con entusiasmo sus mentes a las máquinas, intercambiando su capacidad de pensar por la comodidad de que un oráculo digital responda a todas sus preguntas.

La verdadera crisis no reside simplemente en que la IA nos quite el trabajo, sino en que estamos renunciando voluntariamente al esfuerzo mental necesario para resolver problemas por nosotros mismos. Mucha gente ya no memoriza direcciones, porque Google Maps lo hace por ellos. Ya no escribe, porque ChatGPT puede generar correos electrónicos e informes. Ya no debate, porque puede pedirle a la IA que resuelva disputas. Esta externalización masiva de la cognición está creando una generación incapaz de pensar críticamente, resolver problemas o evaluar pruebas sin ayudas digitales.

Cuando usamos la IA de forma irreflexiva, sin involucrar nuestro propio cerebro, permitimos que nuestras vías neuronales se atrofien… Si no revertimos esta tendencia, crearemos una especie de individuos intelectualmente dependientes que no podrán sobrevivir a un apagón, y mucho menos a una crisis compleja”. https://www.naturalnews.com/2026-06-08-ai-dumbing-down-masses-interfering-cognitive-exercise.html

¿Cómo reavivar la luz del entendimiento? ¿Cómo intentar reorganizar la sociedad? ¿Cómo poner las máximas barricadas para detener la agresión?

No es tarea fácil ni hay precedentes de cómo hacerlo, pues cualquier referencia histórica estaba dada en un contexto radicalmente distinto del actual. Ni los medios de comunicación tenían la dimensión de los actuales, ni tampoco los métodos represivos, basados casi exclusivamente en la represión física a diferencia de los actuales, cuya represión se basa en la aniquilación del pensar.

Dicen, los manuales de psicología que el Gaslighting es el abuso emocional más sutil, una forma de manipulación utilizada para hacer que la víctima dude de su propio criterio y en el cual es manipulada para que llegue a dudar de su propia percepción, juicio o memoria. Esto hace que la persona se sienta ansiosa, confundida o incluso depresiva y acaba por no confiar en su capacidad para razonar y tomar decisiones, por lo que busca ayuda en el criterio de los demás.

Estos “demás” agazapados tras titulaciones como “expertos” en cualquier tema son los tratantes de segunda mano de las ideas, según una expresión de Von Hayeck, presentes como tertulianos televisivos, locutores y periodistas, profesores universitarios, dirigentes sindicales y políticos, miembros de confesiones religiosas, videntes y autores de libros de autoayuda. Y no podemos dejar de lado funcionarios de la salud que no dudan en recetar ansiolíticos y antidepresivos a mansalva. Los contenidos curriculares y las bibliografías escolares recomendadas solamente planeas sobre la superficie de las cosas, evitando el fondo de las mismas, parcelando la adquisición de conocimiento.

Hace falta, con urgencia diseñar, organizar escuelas, universidades, en las cuales se intente frenar el apagón cerebral programado. Algo deberíamos aprender del movimiento cultural de la burguesía progresista en su enfrentamiento con el reaccionarismo eclesiástico del siglo XIX cuando varios catedráticos fueron expulsados de la Universidad española por defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral y fundaron en 1876 la Institución Libre de Enseñanza para proseguir su tarea educadora al margen de los centros universitarios del Estado, mediante la creación de un establecimiento educativo privado, cuyas primeras experiencias se orientaron hacia la enseñanza universitaria y, después, a la educación primaria y secundaria.

Ejemplo tomado de las enseñanzas del revolucionario francés Nicolás de Condorcet miembro desde 1791 de la Asamblea Nacional tras la toma de la Bastilla.  Condorcet, ante la Asamblea Legislativa el día 20 de Abril de 1792, entre otras coses planteaba: “… Que el poder del Estado se quede a la puerta de las escuelas, que cada maestro pueda enseñar las opiniones que crea verdaderas y no las que el Estado haya juzgado como a tales”. Continuaba: “… Que la designación de los maestros no sea potestad del Estado si no de Sociedades Científicas.

Dichas Sociedades Científicas estaban ya en manos de la burguesía que las había librado de las garras de la aristocracia y la Iglesia aunque todavía no se había proclamado la República. El 10 de Agosto de 1792 la Asamblea Legislativa suspendió las funciones constitucionales del rey y el 20 de Septiembre se creó la Convención Republicana como cuerpo Legislativo y el Comité de Salvación Nacional como órgano Ejecutivo. Se había consolidado la revolución burguesa, y fue entonces que el mismo Condorcet, en 1793, una vez proclamada la República, planteó: “…Toda la enseñanza debe estar dirigida y vigilada por el Estado”.

Podemos aprender algo de la clase antagónica, como intentó aprenderlo el profesor comunista Célestin Freinet, también en Francia tras la Segunda guerra mundial que intentó sacar de las garras de la burguesía el sistema de enseñanza, creando para ello las Escuelas Cooperativas de carácter proletario llegando a organizar cincuenta mil padres, profesores y alumnos. Intento, que al cabo de los años fracasó  por la ceguera burocrática del Partido Comunista Francés que prefirió aliarse con el Estado antes que enfrentarse a él, expulsando en 1953 a Freinet del Partido Comunista.

Como el “Gaslighting” y la Inteligencia Artificial todavía no han hecho mella en algunas personas o colectivos, tal vez estemos a tiempo de reconsiderar nuestra actuación, establecer prioridades, intentar crear núcleos sólidos que sean la cuna de futuros revolucionarios.

 

Josep Cónsola

Junio 2026