“Las empresas españolas del sector cierran el año con las plantas a pleno rendimiento por el incremento de la demanda” https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5116962/industria-defensa-espanola-hace-caja-2024-inmersa-proceso-reorganizacion
El libro del psicólogo rumano Béla Székely “De Taylor a Stajanov”, publicado en 1946, contiene un riguroso análisis sobre la psicología del trabajo, y en la introducción del mismo, en referencia a la guerra puntualiza. “No cabe la menor duda que aquel bando beligerante cuya preparación y producción técnica sea mejor, que disponga de mayor cantidad de materias primas y cuyos obreros manejen mejor las máquinas, ganará la guerra…No debemos olvidar que el aviador, el tripulante de submarino, el conductor de tanques, el artillero… además de ser un técnico en la producción en tiempo de paz, el soldado, es el técnico que maneja una máquina cuya “producción” consiste en la muerte”.
…Debemos plantearnos la siguiente pregunta: ¿Podrá el capitalismo, una vez terminada la guerra, transformar la super racionalizada producción bélica en la producción normal de paz?
… Acaso no sea exagerado decir que antes de la guerra no pudo aprovecharse ni el cincuenta por ciento de la capacidad productiva de las plantas industriales en el mundo entero… Podemos decir que las guerras son la consecuencia de semejante discrepancia. Dentro del sistema capitalista, la única posibilidad de establecer el equilibrio parece ser esta solución. El rearme siempre creciente, la industria bélica determina un mejor aprovechamiento de la capacidad productiva de las grandes plantas industriales, mientras que por otra parte se destruye o paraliza la producción industrial de las potencias derrotadas… La verdad es que la guerra aniquila millones de vidas humanas, pero esta sangría significa muy poco en el mercado del consumo, según el criterio imperialista. Hay un exceso de hombres, y mediante la guerra se aspira a establecer el “debido equilibrio”.
Tal como están las cosas, viendo las sumas multimillonarias empleadas en la industria de guerra, lo mismo en Estados Unidos, que en la Unión Europea, en Rusia o en China, podemos responder con un NO rotundo a la pregunta que realizaba hace más de cien años Béla Székely de si el capitalismo sería capaz de transformar la industria de guerra en industria de paz. A no ser que el proletariado organizado emplee toda su fuerza potencial para impedirlo.
Y, si los incrementos del Producto Interior Bruto (PIB) del que alardean los tenaces defensores bélicos son debidos precisamente a las enormes partidas presupuestarias dedicadas a la industria militar, debemos empezar a plantearnos más preguntas ¿Será mediante happenings domingueros que se va a impedir? ¿Será mediante comunicados y declaraciones escritos con palabras altisonantes? ¿Será enarbolando banderas? ¿O deberá ser boicoteando la producción bélica en sus centros productivos, incluyendo el sabotaje?
Como estamos viviendo en un “oasis democrático” en el cual en teoría, la libertad de expresión se considera un derecho fundamental y la libertad de manifestación también, siempre y cuando se realice “dentro de un orden” por las concurridas calles de nuestras ciudades, aunque ocasione ligeras perturbaciones del tránsito rodado o la rotura de alguna cristalera bancaria, no quitará el sueño a los señores de la guerra, ni a sus sindicatos que aplauden los presupuestos militares porqué, dicen, lo importante es la creación de empleo.
Pero, si las manifestaciones, los discursos, los bloqueos, las roturas, se realizan en los polígonos industriales, ante las industrias de armamento, incluyendo el sabotaje, la cosa ya es distinta. No solamente cambia el lugar geográfico, sino que aparece un elemento peligroso: ¿Cuál será la reacción de los obreros y técnicos de dichas empresas? ¿Se producirá un enfrentamiento entre personas foráneas a la empresa y los trabajadores de sus plantillas?
¿Ocurrirá como explicaba Domitila Barrios, en el libro-testimonio “Aquí también, Domitila” cuando intentó hablar con los trabajadores de la fábrica de armamento austríaca, cuya producción era enviada a la dictadura militar boliviana y con la cual masacraban a los mineros. Esta es una parte del relato: “Fui a Linz donde está la fábrica de tanques… primero quería visitar la fábrica para charlar con los obreros, pero no me dejaron entrar. Pedí que me dejaran entrevistar con los dirigentes sindicales y tampoco pude. Entonces esperamos a la gente que salía del trabajo en la puerta de la fábrica, pero nos contaron que esta mañana habían repartido volantes diciendo que yo estaba yendo a censurar a los obreros, y que no se me hiciera caso. Seguimos esperando, y cuando tratábamos de hablar, la gente se escapaba… Estábamos con unos jóvenes que nos contaron que una vez ellos trataron de impedir que los tanques fueran enviados a América Latina y antes que embarcaran los tanques se habían tirado al suelo de la entrada de la fábrica, pero que los mismos obreros los habían echado: “a golpes nos levantaron para que pasaran los tanques”
Debemos reflexionar cuidadosamente sobre el momento actual en nuestro país, sobre la percepción que de él tiene una mayoría del proletariado, y no llegar a conclusiones, a mí entender erróneas, de que las movilizaciones y huelgas que se producen en torno a la negociación de algunos convenios, son síntoma de un aumento de la organización y conciencia de clase.
Si, como está previsto, hay un incremento extraordinario de los presupuestos para las industrias de armamento, no es de extrañar que los trabajadores de dichas industrias realicen protestas reclamando incrementos salariales, lo cual no modifica el hecho de aceptar tranquilamente el estado de las cosas, e incluso exigiendo incrementos en las primas de producción debido a la alta demanda de material bélico.
¿Hemos de favorecer estas demandas, o hemos de realizar una ofensiva para obligar a estas empresas a producir para el bienestar en lugar de producir para la muerte? También con cierta seguridad podemos vislumbrar que una parte importante de dichos trabajadores verá con recelo esta propuesta, la rechazará e incluso se enfrentará violentamente con aquellos que lo propongan, pero también es cierto que algunos de ellos aceptarán racionalmente esta propuesta. Y será a través de éstos que podremos pensar en una revitalización del movimiento obrero, desligado de las ataduras económicas e ideológicas con el capital.
Estas consideraciones forman parte intrínseca de la lucha de clases en su lectura revolucionaria, ya que integran todo un contenido ideológico que intenta devolver al proletariado su esencia de “clase peligrosa”, rompiendo el actual estatus de “oposición responsable”, cuyos sectores más progresistas tienen como objetivo la amplificación del victimismo mostrado por televisión.
Como escribe Christophe Guilluy en Los Desposeídos, refiriéndose a la situación actual de los sectores populares en Francia: “En pocos años, el miserabilismo mediático logró la proeza de rebajar los grandes bastiones históricos de las luchas obreras del Partido Comunista a una pequeña oficina de llantos”.
Devolver la dignidad al proletariado es tarea prioritaria, y una organización comunista indispensable.
Josep Cónsola
Abril 2026





