La palabra “euforia” proviene del griego euphoria, que designaba la capacidad de un individuo de soportar una carga o un peso con brío y fuerza.
Percepción exagerada que se tiene del propio valor sin conexión con la realidad, y la creencia de poder alcanzar un objetivo sin tener en cuenta los obstáculos que pueden aparecer o las limitaciones que se puedan tener.
En 1995, Tom Bryder, de la Universidad de Copenhage, presentó una ponencia en el encuentro anual de la Sociedad Internacional de Psicología Política con el título de “Wargasm: Socially Sanctioned Euphoria in Wartime Situations. (Euforia socialmente aceptada en situaciones de guerra) https://researchprofiles.ku.dk/en/publications/wargasm-socially-sanctioned-euphoria-in-wartime-situations/
Pasados treinta años, estamos en tiempo de guerra, y podemos constatar algunas de las investigaciones que integran dicha ponencia, a tenor de lo que nos reflejan distintos medios de comunicación, por parte de cada uno de los actores en conflicto. New York Times o Fox News anuncian la euforia de los norteamericanos al conocer las aventuras militares de su presidente y lo relacionan con “más seguridad para Estados Unidos”; Stputnik o Rusia Today, anuncian la euforia de la sociedad rusa en la guerra de Ucrania; Ukrinform por su parte anuncia la euforia de los ucranianos y su resistencia ante Rusia; FARS e IRNA anuncian que la euforia de la sociedad iraní ha conseguido derrotar Israel y Estados Unidos; la Jewish Telegraphic Agency anuncia la euforia de la sociedad israelí en la guerra contra Palestina y Líbano; Al-manar y Al.Nour subrayan la euforia de la sociedad libanesa de Hezbolá y la derrota de Israel; los voceros de Ansar Allah en Yemen anuncian que la euforia del pueblo yemení ha frustrado las agresiones de Estados Unidos y Arabia Saudí… podríamos continuar si repasáramos los diferentes medios oficiales de comunicación a lo largo del mundo.
Un elemento caracteriza y está presente en todas las informaciones noticiosas de los países que actualmente están en guerra: Sus respectivas sociedades lo aplauden, lo justifican a pesar de que los discursos oficiales hablan de sacrificio, y emulando a la proclama de Winston Churchill, tras ser nombrado primer ministro de Gran Bretaña, en el primer discurso ante la Cámara de los Comunes el 13 de Mayo de 1940 dijo que solo podía ofrecerles “blood, toil, tears and sweat” (sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor) https://winstonchurchill.org/resources/speeches/1940-the-finest-hour/blood-toil-tears-and-sweat-2/
Y, las agencias de reclutamiento voluntario se llenaron de ingleses eufóricos y dispuestos a ofrecer su sangre, esfuerzo y sudor, aunque sea llorando. Tampoco fue una novedad, al inicio de la guerra de 1914, los ciudadanos franceses, alemanes, austríacos… eufóricos se entregaban voluntarios para una guerra que costó alrededor de veinte millones de muertos, defendiendo las apetencias territoriales de las oligarquías francesas y austrohúngaras.
La guerra, las guerras se han caracterizado, antes de iniciarse, por una intensa campaña propagandística caracterizando al real o imaginario “enemigo”. Según la ponencia de Tom Bryder: “Aunque muchas personas normales pueden a veces sentirse felices cuando se producen conflictos, en términos generales son los ciudadanos inadaptados los que se sienten más felices cuando estalla una guerra. Pueden dejar de lado durante una temporada sus problemas, relegar las dificultades de sus relaciones interpersonales, los delincuentes pueden redimirse ofreciendo su delincuencia a los que gozan de popularidad. Los paranoicos tienen la oportunidad de tratar con un enemigo que también está reconocido por los demás”.
En Argentina, en plena dictadura militar, con miles de encarcelados, torturados y asesinados, cuando el gobierno anunció el 2 de abril de 1982, la conquista de las Malvinas “Una muchedumbre enfervorecida se reunía frente al Gobierno en la Plaza de Mayo, al mismo tiempo que anunciaba una amnistía para más de 500 personas. Políticos y sindicalistas casi unánimemente daban la bienvenida a la «recuperación» de las Islas, y el principal sindicato, la Confederación General de Trabajadores (CGT), retrasaba su decisión sobre la propuesta de una huelga general. De esta forma, se desató una euforia casi orgiástica”.
El filósofo norteamericano Eric Hoffer, en 1951, publicaba el libro titulado The True Believer (El verdadero creyente) en el cual explica cómo “Para formar a una persona en el auto-sacrificio tiene que desnudarse de su identidad y diferenciación individual”. https://archive.org/details/truebeliever0000eric
Este fenómeno masivo quedó plasmado durante el golpe de estado sanitario del 2020 cuya propaganda fue exactamente igual que la propaganda de guerra, y creando un estado de euforia colectiva que se plasmaba haciendo realidad el llamamiento “a las armas” saliendo a los balcones a aplaudir, no se sabe a quién, a pesar de estar sumidos en arresto domiciliario y propensos a ser castigados si se pisaba la calle.
Este paralelismo entre la “guerra biológica” del gran capital corporativo contra la humanidad, y las guerras que vivimos actualmente, tienen en común el mismo esquema propagandístico con el objetivo de crear estos de opinión “eufóricos” que sirvan de colchón amortiguador y relativicen cualquier barbaridad.
Tom Bryder concluye su investigación así: “Resumiendo parte de la investigación realizada sobre frustración y agresión, los resultados apuntan a la conclusión de que el incremento de la hostilidad al exogrupo está relacionada con el incremento de la cohesión de grupo. Por otro lado, nos puede demostrar que la hostilidad al exogrupo sea una condición necesaria para la cohesión de grupo”.
Podemos llegar a las mismas conclusiones mediante un análisis objetivo, basado en el materialismo donde se reafirma que las crisis sociales internas de una nación y el enfrentamiento social queda diluido en aras a la defensa de la patria, creando un gran pacto social que hace olvidar la necesidad de la lucha de clases para transformas ésta, y por consiguiente fortificar el papel de las clases dominantes.
La historia nos da un ejemplo de revertir este papel, cuando en 1917, los bolcheviques rusos se replegaron del frente de guerra, aun a costa de perder una parte importante de territorio, pero teniendo presente que su “guerra fundamental” era contra la aristocracia zarista y la persecución de un nuevo tipo de sociedad en la cual no dominara la guerra por intereses particulares. También se produjo una euforia, pero estaba presidida por la ilusión de un mundo mejor.
Las guerras que vivimos en la actualidad no tienen semejanza alguna con este ejemplo de principios del siglo XX, y quién pretenda hacer un paralelismo, está con el reloj parado hace un siglo.
Josep Cónsola
Abril 2026





