EL ENGAÑO

Engañar a los demás solo puede considerarse un acto malévolo.

Engañarse a uno mismo solo puede considerarse un acto estúpido.

El autoengaño nos convence  de que la realidad es como quisiéramos que fuese y no como es. Es un fenómeno en el que una persona, personas o colectivos, aceptan como verdadera una interpretación de la realidad que es falsa o no se sustenta mediante certeros análisis. A diferencia de la mentira, ocurre de manera inconsciente o fruto de una larga tradición de la interpretación de los hechos que no se corresponden con demostraciones empíricas, pero se  cree sinceramente en aquello que se impone como real.

Apoyados en este relativismo, se buscan informaciones que validen estas creencias, mientras que ignoran cualquier evidencia contradictoria. La argumentación basada en hechos se debilita, y las personas, guiadas por tales argumentaciones, se sienten poco obligadas a confrontar la realidad. Y en un contexto como el actual, en el que la opacidad y el doble lenguaje es una de las normas  algunos grupos u organizaciones se aferran cómodamente a sus narrativas y desechan cualquier duda que pueda poner interrogantes al discurso establecido.

Vienen a colación estas consideraciones, tras leer los documentos de varias organizaciones políticas que se denominan marxistas, en las cuales se afirma con énfasis que estamos viviendo los últimos estertores del capitalismo, o que es la etapa final del capitalismo, o que estamos ante la crisis final del capitalismo, o…

Ojalá estas apreciaciones fueran ciertas, el proletariado mundial podría respirar tranquilo, pero la dura realidad es otra muy diferente. Cincuenta años atrás, más de un tercio de la población mundial vivía en países que tenían constitucionalmente aceptado el socialismo y el marxismo como forma de construcción social y como método de análisis. En aquel contexto, y sin profundizar mucho si había una coherencia entre el dicho y el hecho, seguramente definir una crisis que posibilitara un cierto declive del capitalismo mundial, no era del todo erróneo.

Pero, pasado más de medio siglo, todos estos países han abandonado marxismo y socialismo, y los que conservan estas denominaciones en sus textos legales, en sus actos concretos están a años luz de la interpretación que de dichos conceptos realizaran los revolucionarios del siglo XIX y parte del XX. Lo que realmente puede demostrarse es la gran variedad de capitalismos, como si en un tronco se injertaran diversas variedades de un fruto, tendríamos ramas con texturas y sabores distintos, pero el tronco sería el mismo.

Así el capitalismo, mediante sus crisis, realiza diversos injertos, llámense capitalismo de estado, nacionalsocialismo, monetarismo, neoliberalismo, imperialismo, globalismo, etc., no importa el nombre, el tronco es común aunque desprenda diversas variedades. Variedades todas ellas que tienen en común la acumulación de capital y la explotación del proletariado, o la dominación del mismo. Explotación i dominación no son conceptos equivalentes, ya que el capital precisa a los explotados que es de los que extrae la plusvalía, pero respecto a los oprimidos, son una carga, son los desempleados, los pobres, los indigentes, los vulnerables…, y para estos les tiene reservada una tarea específica: la mera subsistencia derivada de las ayudas sociales, y de paso ejercer una presión sobre los explotados para modular sus reivindicaciones, so pena de dejar de estar explotados.

Este dibujo social, debería servir para relativizar algunas afirmaciones relacionadas con lo expresado anteriormente. Una de estas afirmaciones sería confundir algunas movilizaciones con un resurgir del movimiento obrero, y no es que se deban despreciar las luchas sindicales por la mejora de las condiciones de trabajo, pero habría que reconocer y aceptar sus límites. Otra de las afirmaciones sería la relacionada con la apología de los llamados movimientos de masas, y para ello tal vez sería importante  tomar en consideración las aportaciones del pensador búlgaro Elias Canetti expuestas en Masa y Poder:

…Una aparición tan enigmática como universal es la de la masa que de pronto aparece donde antes no había nada. Puede que unas pocas personas hayan estado juntas, cinco, diez o doce, solamente. De pronto, todo está lleno de gente. De todos los lados afluyen otras personas como si las calles tuviesen sólo una dirección. Muchos no saben qué ocurrió, no pueden responder a ninguna pregunta; sin embargo, tienen prisa de estar allí donde se encuentra la mayoría. Hay una decisión en sus movimientos que se diferencia muy bien de la manifestación de una curiosidad habitual.

…Con la misma rapidez con la que se constituyó, la masa se desintegra. Esta forma espontánea es una configuración frágil. Su apertura, que le posibilita el crecimiento, es, al mismo tiempo, su peligro. Siempre permanece vivo en ella el presentimiento de la desintegración que la amenaza. Mientras puede lo incorpora todo; pero como lo incorpora todo tiene que desintegrarse.

Estos tres ejemplos (análisis del capital, del movimiento obrero y de los movimientos de masas) pueden situarnos en condiciones de poder analizar las declaraciones, manifiestos, tesis, etc., que elaboran diversas organizaciones revolucionarias. No es que sus manifestaciones engañen, es tan solo que el deseo de vislumbrar una reorganización estable del proletariado a través de sus diferentes formaciones políticas, y las ansias de vencer al capital, confunden, en un autoengaño inconsciente, la voluntad con la realidad.

Tal vez algunas organizaciones pueden llegar a la conclusión que exponer la cruda realidad, puede crear una situación de apatía y con ella, el reflujo que representa para la adhesión a tales organizaciones. En este caso se trata de un autoengaño consciente, planificado, a través del cual se pretende la cuadratura del círculo.

Estas pinceladas sobre el autoengaño, difieren totalmente del engaño planificado que las clases dominantes a través de sus organizaciones políticas, ejercen sobre el conjunto de la población, engaño a todos los niveles y en todos los aspectos mediante un ejercicio de simulación que aparece públicamente como si de dos o tres fracciones diferenciadas se tratara. Las acusaciones mutuas entre ellas son un engaño manifiesto que no les impide estar plenamente de acuerdo en pertenecer al tronco común al cual hacía referencia anteriormente.

Y, estas son las huestes que están sentadas en los diversos hemiciclos, que emulando un moderno Odeón, representan un día una farsa, otro día una comedia y otro día una tragedia, mientras el público ensimismado ha tenido que pagar la entrada con la cual cobrarán espléndidamente los respectivos actores y actrices.

 

 Josep Cónsola

Junio 2026