“No se puede comprar a las personas que no luchan solo por su poder adquisitivo, sino sobre todo por salir del caos existencial en el que las élites las ha hundido”
(Christophe Guilluy)
Amenazados por la retórica de “que viene el fascismo”, no nos preguntamos sobre las causas profundas que llevan a la gente sencilla, trabajadores, campesinos, autónomos, desempleados…, a tomar partido electoral por formaciones conservadoras y reaccionarias, aunque lo más preocupante es escuchar a las personas de nuestro entorno, cuyas expresiones parecen coincidir con lo difundido por dichas formaciones políticas. O podemos hacernos una pregunta: ¿No será que estas formaciones políticas reaccionarias, lo que hacen es incorporar en su discurso un amplio sentir popular?
Para huir de una situación embarazosa, cuya respuesta pudiera poner un interrogante sobre lo acertado de nuestros análisis, tesis, programas, etc., la salida fácil es la de aliarnos, inconscientemente, con los autores de una retórica utilizada para mantenerse como gestores de un sector del capital transnacional cuyo objetivo ya no es tan solo la simple extracción de plusvalía, sino la transformación total del ser humano, tal como lo define Klaus Swab en nombre del Foro Económico Mundial: “No solo está cambiando el «qué» y el «cómo» hacer las cosas, sino «quién somos»”.
Este cambio impuesto de quién somos, está estrechamente ligado a una percepción soterrada, pero real, por parte de las personas comunes, de que nos están robando algo que va más allá de la explotación laboral. Nos están robando la memoria, la cultura, la dignidad, la historia…, en definitiva el conocimiento; que tiene como resultado un hartazgo de lo “políticamente correcto”.
¿Podemos interpretar la deriva electoral conservadora i/o reaccionaria de amplios sectores del proletariado, debido a la introducción de elementos culturales cuyo objetivo es la desintegración social? ¿Lo podemos interpretar como un rechazo al rapto de sus culturas autóctonas?
La introducción de lenguajes, músicas, comidas, modas…, foráneas; ¿Qué implicación tiene en el subconsciente del proletariado? Éste, tal vez no sea capaz de verbalizar el hartazgo de la izquierda woke, y la única forma de expresarlo es mediante una papeleta electoral a favor de aquellas formaciones que, sin poner en cuestión al sistema, incluso reafirmándose en él, integran en su propaganda la defensa de una cultura, una historia, unas tradiciones que ven como les son arrebatadas.
Si solamente realizamos el análisis basado en la reivindicación económica, desechando los elementos denominados, erróneamente superestructurales, puede ser que ante la disyuntiva de defender un incremento de los ingresos para aumentar el consumo, o, defender su cultura, opten por esto último. Y, esta es la apuesta de las formaciones llamadas conservadoras y/o reaccionarias.
En estas circunstancias las reivindicaciones solamente económicas de la llamada izquierda quedan en segundo plano en el subconsciente de cada vez un mayor número de personas.
El discurso “trans” que niega el principio biológico; el baile “country” que ensalza el folklore conservador norteamericano; el canto “The Gospel” (El Evangelio) de las iglesias evangelistas norteamericanas; los “McDonald” “FritChicken” apología de la comida basura; la imposición del inglés desde la escuela primaria; el cine, las novelas, los seriales televisivos sobre el modo de vida americano; los úteros de alquiler; todo ello tan preciado por la izquierda “progre”… Y en detrimento de la cultura del proletariado y capas populares de nuestro país, en un alarde de menosprecio sin precedentes de su vida y memoria. Espectáculos como los PRIDE, que entre 2018 y 2022, según el Ministerio de Hacienda, han recibido subvenciones por un monto declarado de 14.968.419 de euros.
Vale la pena recordar como en plena tercera revolución industrial, en los años 80, paralelamente al proceso de desindustrialización, fue cuando la ofensiva cultural estadounidense del baile “country line dance” alcanzó un gran auge de popularidad gracias a la aparición en la radio y televisión, y a la difusión de videos de este baile en todo el mundo, con eventos, concursos y festivales dedicados al baile country line dance. Desde entonces, el baile country line dance se ha convertido en un fenómeno global. ¡No tendréis trabajo, pero bailaréis!
Los comunistas, que históricamente nos hemos opuesto al poder de la Iglesia Católica, a las subvenciones que recibe, a lo alienante de su discurso, a su carácter reaccionario y conservador… Ahora resulta que vemos con perplejidad el silencio o incluso la defensa ante de la expansión de Iglesias no católicas (islamistas, budistas, evangelistas…), alegando abiertamente que la oposición a las mismas tiene carácter “racista”, equiparándolo con la propaganda de los partidos políticos reaccionarios.
La apuesta de las formaciones reaccionarias es la defensa de “su aparato religioso”, entendiendo las otras manifestaciones religiosas como una “competencia desleal”, del trasfondo mercantil del cual extraen miles de millones.
Pero la gran y radical diferencia entre estos partidos y los comunistas, es que nosotros definimos y tratamos por igual a cualquier institución religiosa, ya sea europea, americana, asiática o africana, todas ellas han crecido al amparo del poder y cuya misión encomendada ha sido la de “Dar al César lo que es del César, a los Dioses lo que es de los Dioses”, y las migajas para caridad.
Los comunistas, al luchar contra el capitalismo, al mismo tiempo luchamos contra sus manifestaciones culturales e ideológicas, en las cuales la teocracia juega un importante papel. Marx se extiende en la crítica a la religión básicamente en su escrito “Crítica a la filosofía del derecho de Hegel”.
El invento de la multiculturalidad, no se ha extendido para ampliar el conocimiento de otras culturas, que no tiene nada de negativo; sino que al amparo de este invento se destruye la cultura autóctona, cultura que ha sido un eslabón imprescindible en la organización del proletariado, que al lado de las luchas por mejorar el nivel de subsistencia, se ha luchado para que no le arrebaten su memoria colectiva.
En el fondo se trata de crear un ambiente adverso a la organización del proletariado en su conjunto, subdividiendo éste en fragmentos atomizados de cualquier género y bajo el manto de “víctimas”. Pero dichas víctimas se las aleja de los auténticos responsables que no son otros que las élites detentadoras del capital, y se buscan nuevos responsables: hombres frente a las mujeres, racistas frente a inmigrantes, fobos respecto a homosexuales, cayendo en una espiral de confrontación social ante la cual el capital se siente más seguro que nunca.
Una confrontación estimulada desde los órganos estatales y sus medios de comunicación alardeando de luchar contra el racismo, la homofobia, la misoginia, al mismo tiempo que fragmenta en mil pedazos al proletariado exagerando un discurso en el que aparece fantasmalmente que el proletariado español es extremadamente racista, etc., y como consecuencia debe tomar “medidas” para la protección de ciertos colectivos. Evidentemente las noticias de malos tratos y asesinatos de mujeres, curiosamente, solo hacen referencia a las clases populares, nunca a la aristocracia y alta burguesía, sus crímenes quedan en la más profunda oscuridad ya sea por desidia de la justicia o por pagos millonarios para comprar silencios.
Al mismo tiempo, importa, en grandes cantidades, niños y niñas, hombres y mujeres, para llenar el negocio de la prostitución infantil y adulta que tan grata es a los millones de turistas que nos visitan. Cierra los ojos al entramado del tráfico de drogas, del cual, de cuando en cuando, se “descubre” algún alijo para justificar su acción en contra.
Como ya en su momento advirtió Evgeni Pasukanis en la Teoría general del derecho y del marxismo, que lo importante no es solo lo que el Estado hace, sino también la forma en que lo lleva a cabo. En ambos casos, la neutralidad no tiene cabida, puesto que cada aspecto de la organización y accionar estatal expresa y refuerza su naturaleza de clase. Y aquí podemos incluir la práctica del “subvencionismo” hacia miles de asociaciones de los más variados colores, aunque muchas de ellas se nombran radicales e incluso antisistema.
Como escribí en un artículo que llevaba por título “La normal anormalidad”: “Tenemos como resultado de este proceso a un individuo ‘normal’. Un adulto-consumidor domesticado. Un vegetal sin profundidad que simplemente se dedica a ver lo que le rodea sin intentar comprender nada. Un mero espectador pasivo de ‘lo que pasa’, y que forma parte de un gran rebaño tele dirigido”.
La elaboración de los contenidos curriculares, las subvenciones a “estudios” realizados en las Universidades por parte de multitud de profesionales de las ciencias sociales, la psiquiatría oficial, la sociología, la psicología de masas han jugado y juegan un papel fundamental en la educación de las percepciones sensoriales de los miembros de la sociedad, que como afirma Franco Basaglia “son funcionarios del consenso”, o Ronald David Laing que los define como “Policías de la mente”. Así un enjambre de técnicos ha tomado el relevo del antiguo verdugo que era el anatomista del sufrimiento del cuerpo para trocarse en un asesino del cerebro.
Y como menciona Anthony Brown en The Retreat of Reason. Institute for the study of Civil Society: “En los lugares de trabajo, desde las empresas hasta las bases militares, desde los hospitales hasta las emisoras de televisión, la gente está sometida a un “entrenamiento de la diversidad” que pretende reeducar…” y que obviando cualquier elemento razonablemente argumentado nos llevan a la “consecuencia inevitable de unos ataques “ad hominem”, ataques dirigidos al argumentador y no al argumento… la derecha ha representado tradicionalmente el stato quo frente al impulso revolucionario de la izquierda. Pero la izquierda políticamente correcta es ahora “l’establishment”.
Y en estos momentos un triunfo de la expresión individual sobre la expresión general en la cual la “palabra incorrecta” se convierte en herejía y se asemeja a la expresión que Santiago Valentí utiliza para explicar el momento inquisitorial: “El infeliz que hubiese demostrado en alguna ocasión cierta propensión a la herejía, no tenía un momento de reposo pensando que una palabra proferida al azar podía ser denunciada por sus propios parientes o amigos, y víctima de esta obsesión, acababa por ceder al miedo y muchos hacían traición a los otros para evitar caer en manos del abominado tribunal.”
Deberíamos volver atrás, hasta medianos del siglo XX momento en que se empieza a diluir una sociedad compuesta por individuos con un arraigado sentido del deber, que en clave política se correspondía, por parte del proletariado, en un sentido de organización colectiva (partidos, sindicatos) y con un compromiso personal. El concepto de sociedad del bienestar posterior a la segunda guerra mundial representó cambios sociológicos importantes que, a diferencia de generaciones anteriores acostumbradas al ahorro y a la austeridad, se vislumbraba una sociedad en la que los enormes escaparates de la abundancia daban la impresión de poder satisfacer todos los deseos. Fue provocando una especie de infantilización de la sociedad en la que día a día se iba delegando la responsabilidad individual, y colectiva, a unas instituciones del Estado cada vez más totales a cambio de una seguridad y un entretenimiento que han ido derivando en incapacidad y resignación. Y, así la cultura del pensamiento va mutando hacia una cultura de la satisfacción inmediata. La cultura se va convirtiendo en entretenimiento.
¿Cuál ha sido el papel de los comunistas en estos cambios tan radicales a nivel social? ¿Hemos estado al frente para destruir el estado o hemos apuntalado al estado?
Veamos la opinión que dejó escrita la famosa Comisión Trilateral respecto a los comunistas occidentales. La traducción es literal del documento oficial titulado Trilateral Commission Task Force Reports 1-7: A Compilation of Reports from the First Two Years of the Trilateral Commission (The Triangle Papers):
“En general, los partidos comunistas han perdido terreno o se han nivelado en casi toda Europa Occidental. Su ideología ya no tiene la misma apariencia. Se parece mucho a una iglesia rutinaria cuyo carisma ha desaparecido, al menos parcialmente. -¿Por qué unos partidos tan sosegados y moderados han de ser una amenaza para la democracia justo en el momento en que empiezan a respetar sus principios básicos?
La fuerza de los actuales partidos comunistas de Europa Occidental no reside, sin embargo, ni en su atractivo revolucionario ni en su capacidad electoral. Ciertamente, tienen bastante de ellas. Pero su única superioridad es la organizativa. Son las únicas instituciones que quedan en Europa Occidental en las que no se cuestiona la autoridad, en las que una cadena de mando primitiva pero muy eficaz puede manipular a una mano de obra dócil, en las que hay capacidad para tomar decisiones difíciles y ajustarse rápidamente, y en las que se pueden entregar bienes y respetar los plazos”.
No es preciso ningún comentario al respecto, la Trilateral sabía de las cúpulas dirigentes de los partidos comunistas, lo que la inmensa mayoría de los militantes ignoraba.
Y, ahora…
Estamos en guerra, pero una guerra entre los defensores del liberalismo “controlado” mezcla de los postulados de Adam Smith (libre mercado) y Keynes (intervención del Estado) por una parte, y los destructores tanto de las soberanías de los Estados nacionales como del libre comercio: los llamados globalistas defensores del estado único mundial, los cuales disponen de una agenda muy bien elaborada en la cual integran un amplio espectro temático que abarca la economía, la política, la educación, la cultura, la salud, la tecnología, la legislación, la ciencia …, en una perspectiva a largo término de gobernanza mundial y que paso a paso van homogeneizando las legislaciones nacionales para que renuncien a sus decisiones autónomas, enmarcando éstas en un conglomerado de “leyes mundiales” de acatamiento obligatorio.
¿Acataremos los pocos comunistas que quedamos estas leyes sin rechistar o para cubrir el expediente elaboraremos explosivos discursos pero sin acciones concretas?
En el devenir diario y concreto podremos responder afirmativamente o negativamente esta pregunta.
Josep Cónsola
Abril 2026






