ALGO HEMOS HECHO MAL (5)

HABLEMOS DE LA SALUD

Constantemente leemos periódicos, oímos la radio, vemos la televisión o se miran las venalidades que envían al teléfono móvil y, una palabra destaca: LA ENFERMEDAD. Que si virus, que si bacterias, que las aves están enfermas, las vacas están enfermas, los cerdos están enfermos, las personas están enfermas. Pero a continuación un discurso que proclama: No os preocupéis, tenemos el remedio, investigadores, laboratorios, medicamentos, jarabes, inoculaciones,… Todo para asegurar CURAR LAS ENFERMEDADES y devolver la salud.

Pero, pocas noticias hablando de la SALUD como elemento fundamental y como evitar múltiples enfermedades, con lo cual el discurso de las proezas y negocios de expertos y laboratorios se situaría en segundo plano y con él una caída espectacular de las acciones en bolsa del entramado químico-farmacéutico.

La manera en que una sociedad aborda las cuestiones de salud revela mucho sobre su carácter general. La prioridad que se da a la salud de las personas, el grado de protección y trato equitativo de los individuos y hasta qué punto la atención de salud está enfocada en las necesidades reales de las personas nos da una idea de las condiciones sociales y políticas existentes.

La política de salud no puede, sin embargo, ser reducida solamente al sistema de atención médica. Implica condiciones de trabajo, nutrición, vivienda y educación; el carácter de las relaciones sociales; el ocio y el comportamiento cultural, y una serie de otros factores que forman la base sobre la cual se desarrollan la salud física y mental de las personas.

“Las políticas dirigidas a mejorar la salud de la población se verán inevitablemente limitadas si no se considera el contexto social general ni las causas raíz de las enfermedades”. https://thetricontinental.org/es/estudios-2-rda-salud/#_Toc120529396

En la segunda mitad del siglo XIX, el descubrimiento de los gérmenes dio lugar a la teoría microbiana, que alentó la idea causal única, según la cual para dominar las enfermedades solo se requería descubrir para cada enfermedad, su causa. Con el advenimiento de los descubrimientos en física y química, la fisiología humana se asocia al concepto de máquina y por tanto, la enfermedad empieza a ser entendida como el desvío del funcionamiento, y la salud, la reparación de este. De este modo la medicina llega a subordinarse a la biología y los seres humanos a ser mirados a través de sus órganos fragmentados.

En un interesante encuentro celebrado en Francia, conocido como el Congreso de Médicos de Perpignan, en 1978, se referían a la salud como “una manera de vivir autónoma, solidaria y gozosa”. Diego Gracia Guillén, uno de los grandes expertos españoles en bioética, se refiere a la salud como “capacidad de posesión y apropiación por parte del hombre de la propia corporeidad”. Es una clara referencia al protagonismo biográfico sobre algo más que el propio cuerpo; sobre la propia persona en su dimensión relacional.

De hecho, la salud no es un concepto unívoco sino una construcción sociocultural relativa en cada momento histórico. Con independencia de la época en que se generaron, en la actualidad estas concepciones conviven contradictoriamente, orientando toda la gama de prácticas sociales y sanitarias.

Hasta donde hoy sabemos, son muchos los factores que actuando a nivel del ambiente humano determinan que una enfermedad se inicie y desarrolle en ciertos sujetos, e incida con mayor o menor peso en determinados grupos poblacionales.

En 1996, Robert G. Evans; MorrisL. Barer y Theorore R. Marmor, con el título de “¿Por qué alguna gente está sana y otra no? Los determinantes de la salud de las poblaciones”, estudian la salud basada en el concepto de grupos sociales. Inician su libro respondiendo la pregunta de su título de la siguiente forma: “La gente que ocupa las posiciones sociales más altas vive más tiempo. Mientras tanto, además, disfruta de mejor salud”. En efecto, un importante número de estudios, en muchos países, ha mostrado la existencia de correlación entre la esperanza de vida y la frecuencia de otros indicadores de salud con indicadores de estatus social, como por ejemplo ingresos económicos, nivel educativo, ocupación, lugar de residencia, etc.

Y, recuperando el sentido de pertenencia proletaria de la salud, una exigencia debe incluir este concepto dentro del debate democrático, al igual que la economía y la ciencia, tres aspectos secuestrados por las clases dominantes como herramientas fundamentales, junto a la educación, para mantener la dominación.

La izquierda de la izquierda, los llamados comunistas, con pequeñas excepciones de militantes sueltos, también se han sometido a los dictados del complejo químico-farmacéutico. Y en las reivindicaciones de materia sanitaria, las consignas han sido y son, de “más”. Más médicos, más enfermeros, más ambulatorios, más camas hospitalarias, más medicamentos, más, más, más… de lo mismo. En una concepción generalizada de que todos estamos enfermos y exigimos paliativos a nuestro estado.

Nadie habla de salud dentro del movimiento obrero organizado o del proletariado en general, solamente de enfermedad, aunque si alguien se atreve a preguntar a un facultativo la causa de la misma o su origen, la respuesta en la inmensa mayoría de los casos es de “etiología desconocida”, pues indagar el origen de la enfermedad del proletariado conlleva a poner en tela de juicio la totalidad del sistema capitalista.

Y, es desde una perspectiva comunista, con una visión de totalidad, que deberíamos intentar, al lado de la denuncia, una propuesta de SALUD PROLETARIA, lo cual debe significar el paso de la concepción enfermiza a la concepción de salud con lo cual la reivindicación no deba ser de más de lo mismo sino de algo cualitativamente distinto.

Ello debe significar una reapropiación de la autoestima personal del proletariado, que del mismo modo en que se le ha despojado de los saberes técnicos ya desde la llamada “organización científica del trabajo” de Taylor, se le ha despojado de la capacidad de conocimiento del propio cuerpo y mente, dejando estos a manos de “profesionales y expertos” desde el nacimiento hasta la muerte, convirtiendo al proletariado en una máquina de crear plusvalor, y convirtiendo la sanidad en el instrumento de reparación de la máquina para que pueda continuar su funcionamiento.

Hasta ahora, este tema parece que ha sido potestad de personas estrechamente ligadas al mundo sanitario y de los grandes inversores de la industria químico-farmacéutica. La inflexión consistiría en  que el proletariado hiciera suyo el concepto de EDUCACIÓN PARA LA SALUD, en vez de pedir más especialistas y más medicinas para paliar la enfermedad.

Los comunistas, contraviniendo la necesaria autorrealización del ser humano, la ruptura con los mecanismos del Poder y poner en primera línea de combate el derecho a la salud, hemos renunciado a ello y hemos adorado la enfermedad y sus paliativos. La enfermedad es una distorsión, un epifenómeno que reduce o destruye nuestro sistema de defensa, que tiene por nombre sistema inmunitario. Y al parecer ha habido poca predisposición en hallar los responsables de dicha distorsión.

¿Pero qué ocurre? Que el sistema de dominación podría verse debilitado dado que su discurso que somos débiles, que somos enfermizos, que no sabemos, que no conocemos nuestro cuerpo y como consecuencia el sistema de dominación nos proporciona los paliativos necesarios para disminuir las distorsiones que el mismo sistema provoca a todos nosotros, con el consiguiente beneficio derivado de su industria bien engrasada. Curioso que alguien pueda entender como benevolentes los que son los culpables de nuestras enfermedades.

Y, no planteo de cerrar ambulatorios u hospitales, no. Pero estas instalaciones deben ser utilizadas en primer lugar para educar en salud y en casos necesarios realizar reparaciones corporales. Pero no podemos demandar más y más médicos, enfermeras, ambulatorios, medicinas,… ya habría suficientes si todos supiéramos escuchar y conocer nuestro cuerpo y las reacciones que tiene por distintas causas no atribuibles a seres microscópicos.

La alienación, sobre la cual Marx hizo unas importantes aportaciones, al parecer solamente la hemos referido a las relaciones de producción, y hemos olvidado que este concepto forma parte de todos y cada uno de los aspectos sociales, entre ellos LA SALUD.

Si parece ser que tenemos la respuesta de cómo alejarnos de la alienación en trabajo, ¿Por qué no hemos buscado una respuesta de cómo alejarnos del concepto enfermedad y poner en primer lugar el concepto de salud sin que éste tenga que estar sometido a los imperativos ideológicos de la clase dominante?

¿Será que tal vez algo hemos hecho mal?

 

Josep Cónsola

Diciembre 2025