En el año 2003, el Centro Studi Transformazioni Económico-Sociali (CESTES) junto con la Federación Nacional de las Representaciones Sindicales de Base italianas (RdB) editó un trabajo de investigación sobre la base de una encuesta sobre el trabajo y el capital en Italia, del cual me parece interesante resaltar algunos comentarios o conclusiones, entre ellas la siguiente: “La represión y la fuerte reducción del costo del trabajo a través de la deslocalización quizás puede hacer entrever en el futuro un aumento del conflicto obrero allá donde la explotación es más feroz. En cambio, en las grandes fábricas de los países desarrollados es objetivamente difícil prever un aumento de los conflictos, por cuanto los trabajadores son por una parte chantajeados con la pérdida del puesto de trabajo, “técnicamente posible”, y por otra parte son halagados por una política empresarial neocorporativa que eleva a una condición objetivamente diferente a estos trabajadores.”
En unas conclusiones finales, el citado documento cita: “Por algunas décadas, en la izquierda y en el sindicato se habían confundido las conquistas sistematizadas en un sistema aproximativo de Welfare State que ha llevado a subestimaciones glamorosas y distorsiones analíticas significativas.”
Dichas subestimaciones no se han producido solamente en Italia, sino que se han extendido al conjunto de las organizaciones en todo el mundo occidental, incluyendo a los partidos comunistas. Pero lo lamentable del caso es que todavía hoy se mantienen dichas subestimaciones y el quehacer político de los partidos que se llaman revolucionarios no va más allá de una mala copia de la reivindicación sindical, congelando el discurso sobre la caída inminente del capitalismo como si éste fuera un estamento estático en el tiempo y en el espacio.
En el año 2009 se publicaba el nº 1 de la Revista Comunista Internacional, tras el crac depurativo del capital del 2008, modificando parte de sus estructuras financieras, dejando a la deriva algunas entidades bancarias y arropando otras, reestructurando el tejido industrial y eliminando parte de la competitividad en el sector de la construcción relacionado con lo que se denominó la crisis de las hipotecas subprime. Esta crisis provocada se insertaba en los primeros tanteos de lo que el Foro Económico Mundial denominaba la Cuarta Revolución Industrial que tuvo su apogeo en el golpe de estado mundial de 2020.
Pues bien, escritos de diferentes partidos (PC de Bélgica; PC de los Pueblos de España; PC de Grecia; PC de Hungría; PC de Letonia; PC de Rusia, más los correspondientes a México y Turquía.), sus análisis a dicha revista. De entrada llama la atención el Editorial del Consejo de Redacción que afirma: “La actual crisis económica capitalista internacional señala los límites históricos del sistema capitalista”. Ni una sola mención a la capacidad regenerativa del capital y a los grandes cambios estructurales producidos tan solo un año anterior a la publicación de la citada revista, el discurso del final del capitalismo recorre la totalidad de los artículos de los diferentes partidos comunistas, nada distinto del discurso pronunciado ante la crisis de 1973.
El PC de Bélgica escribe: “La producción no está organizada de ninguna manera para satisfacer las necesidades de la sociedad”, cuando precisamente, como he planteado en anteriores artículos el proceso de creación artificial de necesidades, convertidas en valores de uso y de cambio, lo que podemos denominar consumo masivo, es la base de la producción, no se produce para el consumo sino que se consume para producir.
El PC de los Pueblos de España escribe: “La clase obrera existe para el capitalismo como productora de valor, no como consumidora… En las actuales condiciones de crisis capitalista, a la vez que tiende a incrementarse la lucha obrera, avanzan las aspiraciones republicanas en amplios sectores populares”. Afirmar que el capital desdeña el consumo es algo totalmente contrario a su estrategia que ya he mencionado en anteriores ocasiones, teniendo un papel protagonista el sistema de crédito al consumo e hipotecario. Dicho artículo responde a un “debería ser”, con independencia de un riguroso análisis de la realidad que lo podría en entredicho.
El PC de Grecia lamenta “la retirada masiva de inversores extranjeros… y la fuerza motriz de la producción capitalista es la apropiación de la plusvalía y no la producción de valores de uso para la satisfacción de las necesidades sociales”. Sin más comentarios, ya que se trata de un discurso repetitivo, hecho a molde con el resto de partidos comunistas mencionados.
El PC de Hungría escribe respecto a su país: “Millones de personas están insatisfechas y comienzan a expresar de diferentes formas su actitud anti gubernamental, e incluso anticapitalista… No hay verdadero peligro de que fuerzas fascistas o incluso la derecha radical lleguen al poder”. Al parecer este excelente y científico análisis se disolvió como un azucarillo tan solo un año después en que la derecha radical o neofascista arrasó en las urnas en las elecciones del 2010.
El PC de Letonia es todavía más arriesgado sobre el irremediable “deber ser” copiando alguna frase de Lenin de esta forma: “Letonia puede convertirse en el Eslabón Débil entre los países del antiguo campo socialista”. Pues resulta que este débil eslabón es uno de los más aguerridos defensores del militarismo otanista.
El PC de Rusia va con más cuidado en el momento de escribir su artículo, dice así: “Hoy en día, entre algunas personas de izquierda se puede escuchar la tesis: -el sistema mundial del capitalismo llegó a la bancarrota final y las conclusiones que la comunidad mundial hará de la crisis, llevarán a un mundo plenamente distinto, la tarea de los comunistas es coadyuvar a estos procesos-. Permítasenos no solo estar en desacuerdo sino oponernos con fuerza a semejantes declaraciones. Los recursos del capitalismo no quedan agotados, ni a escala mundial ni tampoco en cada uno de los países capitalistas. El imperialismo posee una gran experiencia y enormes recursos para dirigir los procesos de formación de la opinión pública”. Tal vez este es un artículo que responde a un análisis serio y coherente, en el cual se integra el concepto de lucha ideológica con el nombre de formación de la opinión pública. Aunque el citado artículo no menciona claramente cuál debería ser la tarea inmediata de los comunistas en esta coyuntura.
Esta pequeña muestra denota un quehacer que pudiera corresponder al título de este artículo, y si no queremos darnos cuenta de ello continuaremos yendo de victoria en victoria hasta la derrota final.
¿Cómo enderezar el camino? Tal vez lo primero sería preguntarnos que es considerarse comunista, y ante la perspectiva actual del modo de dominio económico, pero sobre todo cultural del capital cuáles deberían ser nuestras prioridades.
Los elementos fundamentales per crear consenso en la sociedad son: Salud; educación; trabajo; seguridad; consumo.
Hay que hacer creer que todas las personas están enfermas
Hay que hacer creer que todo el mundo es ignorante
Hay que hacer creer que el trabajo es un regalo del capital
Hay que hacer creer que siempre estamos en peligro
Hay que hacer creer que la carencia de consumo produce infelicidad
Así nos medicalizan. Así nos educan. Así nos explotan. Así nos reprimen. Así nos entretienen
“La manipulación, si es eficaz, acaba en la convicción del sujeto que los valores o actitudes que le han sido impuestos son realmente suyos”
Las publicaciones científicas no son más que un caso particular de “Medios de comunicación de Masas” con sus mismos mecanismos y objetivos: El ciudadano medio cree que lo que lee en los periódicos, oye en la radio y ve en la televisión es algo real. El lector medio de las publicaciones científicas cree que lo que publican es real: que el desciframiento del genoma humano permitirá erradicar las enfermedades, que las vacunas han servido para acabar con las enfermedades contagiosas o que el VIH se dedica a matar las defensas de millones de personas (aunque no se sepa cómo). Las multinacionales farmacéuticas pagan a quienes recetan y publicitan.
Las publicaciones científicas cumplen regularmente su misión de adoctrinamiento de la misma forma que los medios de masas, sólo que en un nivel superior de complejidad y por eso mismo con un nivel superior de impunidad.
El capitalismo es un sistema de relaciones sociales, no lo podemos encasillar solamente en la definición de dinero, maquinaria, inmuebles, etc. Caeríamos en un error, pues todo el tejido cultural, societario, educativo, de género, de raza, forma parte de un todo y este todo se transmite, hoy en día, de un lado a otro del planeta.
Dentro de esta transmisión, la comunicación, la información y la enseñanza juegan un destacado papel pues son los medios que Von Hayek los definía como: “second-hand dealers of ideas” (tratantes de segunda mano de las ideas) pero refiriéndose a la propaganda “subversiva” de los años 60 por parte de las organizaciones de izquierda que según él se habían apoderado de las Universidades y periódicos.
Hoy podemos utilizar esta definición de Hayek pero relacionada con la ofensiva ideológica del capital y dentro de estos tratantes de segunda mano se deben incluir a periodistas, novelistas, guionistas de cine, autores teatrales, cantantes, deportistas… pero sobre todo el grueso del profesorado tantoen la escuela primaria como la secundaria o universitaria, pues si no se plantean enfrentarse al sistema y transmitir este enfrentamiento a las personas que tienen como alumnas, sencillamente están alimentando el sistema.
Algo deberíamos haber aprendido de la burguesía en su lucha contra el absolutismo, como ejemplo cabe recordar a Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet, que presentó ante la Asamblea Legislativa francesa el día 20 de Abril de 1792, el llamado Plan Condorcet que, entre otras cosas planteaba: “… Que el poder del Estado se quede a la puerta de las escuelas, que cada maestro pueda enseñar las opiniones que crea verdaderas y no las que las que hayan sido juzgadas como tales”. Continuaba: “… Que la designación de los maestros no sea potestad del Estado sino de Sociedades Científicas”. Cabe señalar que las Sociedades Científicas estaban controladas por la burguesía y no por la monarquía francesa.
El 10 de agosto de 1792 la Asamblea Legislativa suspendió las funciones constitucionales del rey y el 20 de septiembre se creó la Convención Republicana como cuerpo legislativo y el Comité de Salvación Nacional como cuerpo ejecutivo, y el mismo Condorcet, en 1793, una vez proclamada la República y la burguesía había tomado el poder, planteaba: “…la enseñanza tiene que estar dirigida y vigilada por el Estado” .
Mientras no se tenían las riendas del gobierno, la batalla era para evitar que el control ideológico del sistema de enseñanza estuviera en manos de la monarquía y de la Iglesia. Pero al parecer los comunistas no hemos aprendido esta lección y en lugar de una oposición sin tregua a los contenidos curriculares, nos hemos entretenido en mejorar los “ratios” de alumnos por aula, de aumentar las plantillas, de mejorar los salarios de los funcionarios, de tener calefacción o aire acondicionado, etc., sin poner en tela de juicio los contenidos. Así nos va.
La escuela realiza simultáneamente las funciones de preparación para el trabajo y de transmisión de la ideología dominante. Estas funciones no se llevan a cabo por separado, sino en un único acto, el del aprendizaje escolar, por eso no se trata de intentar diferenciar que contenidos son “científicos” y que “ideológicos”, pues los conocimientos transmitidos se expresan, en una estructura de “saber” y contribuyen conjuntamente a la producción y reproducción de la sociedad capitalista.
Se tiene que tener en cuenta que en la escuela no sólo se enseñan las destrezas, habilitadas y conocimientos propios de un oficio o profesión; también se inculcan valores, actitudes, etc., vinculados a su ejercicio en la sociedad capitalista. Y este “Aparato Educativo”, en su conformación actual es un resultado de las exigencias de calificación originadas por el desarrollo del aparato productivo capitalista y de las características de la lucha de clases, lucha de clases en la cual el proletariado ha sufrido una constante derrota.
En 1997 durante mi estancia en Bolivia tuve la oportunidad de compartir largas horas de conversación con Domitila Barrios. Una de las cosas que me hizo reflexionar sobre la educación fue cuando me dijo: “¿Cómo hemos educado a nuestros hijos que con un uniforme y un fusil son capaces de matar a sus hermanos?”
Humbert Lagardelle, fundador y director de “le Moviment Socialiste”, en un artículo publicado en 1906 en el Boletin de la Escuela Moderna de Ferrer y Guardia exponía: “Sabido es que la enseñanza ha sido el gran sostén de la tercera república francesa. El maestro ha representado el papel de cura laico encargado de preparar súbditos fieles y buenos electores al nuevo régimen. Ha opuesto al Catecismo de la Iglesia, el Catecismo del Estado. ¿Que más pareciendo a la moral cristiana que la moral laica? Contiene las mismas prescripciones de obediencia, respeto y servitud… y en los talleres o plazas públicas, proletarios tímidos que tiemblan ante las leyes, los empresarios o la policía. Se comprende que haya burgueses y radicales que exalten esta enseñanza, lo extraño es que no lo denuncien obreros y socialistas”
Bogdan Suchodolski, que llegó a ser el director del Instituto de Ciencias Pedagógicas de la Universidad de Varsovia a partir de 1932 realizó una profunda reflexión basada en el marxismo sobre el tema educativo, y se planteaba un interrogante ¿Hay que cambiar primero las condiciones sociales o primero a los hombres?. A esto, Suchodolski plantea que para Marx, la problemática entre el subjetivismo u objetivismo se resuelve con la suma dialéctica de ambos, por lo que según él, las circunstancias crean a los individuos igual que los individuos crean las circunstancias.
Entre la enormidad de su legado cabe unas consideraciones escritas en el libro Pedagogía de la esencia y pedagogía de la existencia, que dicen así: “Se tiene que poner en entredicho que progreso y desarrollo se tengan que medir con índices tecnológicos y económicos que están alejados del contexto humano y social. Los índices que se utilizan sólo sirven para evaluar progreso y desarrollo para un modelo de vida euroamericana, grande, industrial y consumista. Enseñar la necesidad de una revisión fundamental de estas concepciones sobre progreso, tendría que ser el papel de los profesores.”
Si el sistema educativo tiene como objetivo la reproducción de la sociedad y ésta está dividida en clases sociales, entonces la educación no tiene otro remedio que reproducir explotados y explotadores.
¿Debemos continuar los comunistas con las reivindicaciones de “mejorar la calefacción en las aulas”, un incremento de las becas de comedor y menos alumnos por clase, o debemos dar un salto cualitativo centrando la lucha por la educación en sus contenidos, los cuales son iguales tanto en la escuela pública como privada, con lo cual el lema de escuela pública versus privada, sirve para encubrir el problema de fondo que es la elaboración del contenido curricular.
Tanta es la importancia que el capital da a los contenidos escolares que en marzo de 2003, los Estados Unidos lanzó la invasión de Irak. En mayo de 2004, a algo más de un año de la cruel invasión, el Banco Mundial le aprobó un crédito, de 60 millones de dólares al gobierno títere de Irak para financiar el proyecto: “Irak: Emergency Textbook Provision Project”.
Este proyecto fue parte de un acuerdo marco firmado con los países invasores para la reforma del currículum, el cual busca “reformar y modernizar el sistema escolar iraquí”. El Banco Mundial reconoce que “tiene una experiencia considerable en apoyar proyectos de suministro de textos escolares a gran escala en contextos post-conflictos”. Entre las situaciones post-conflictos en las cuales ha intervenido el Banco Mundial se incluyen Timor-Oriental, Bosnia, Sierra Leona y Kosovo. Además, afirma el mismo banco que ha trabajado estrechamente con la UNESCO, UNICEF y USAID.
En la sección dedicada a los beneficios de este proyecto, el Banco Mundial afirma que: “Los textos escolares son un factor básico para facilitar el aprendizaje. La entrega a tiempo de los textos escolares tendrá un efecto directo en la enseñanza y el aprendizaje. Una mejora visible en la condiciones de aprendizaje puede jugar un papel fundamental en la construcción de la confianza en el nuevo Ministerio de Educación y el nuevo Gobierno”.
¿Todavía hemos de continuar reivindicando escuelas de ladrillos en lugar de prefabricadas o hemos de centrarnos en otros aspectos? ¿Los comunistas hemos de continuar “luchando” por las formas eludiendo el fondo?
Tal vez algunas reflexiones en torno a la pregunta de ¿En que no hemos equivocado? Podrían ser el menosprecio de los partidos comunistas ante cualquier propuesta que se apartara de unos manuales sobre marxismo elaborados por no se sabe quién. Así el propio Suchodolski no lo tuvo fácil al no plegarse a las órdenes partidarias, lo mismo que Celestine Freinet cuando planteaba que no es suficiente, para cambiar la educación, con cambiar las técnicas, sino que hay que cambiar radicalmente el sistema educativo, y ello le trajo a iniciar un movimiento de ámbito nacional, que proponía la creación de una nueva escuela popular proletaria, con atención primordial a las clases menos favorecidas. Creó un movimiento pedagógico basado en el cooperativismo educativo que llegó reunir más de 50.000 personas entre padres, madres y educadores/as.
Pero el partido comunista francés anatematizó a Freinet y en 1953, fue expulsado del mismo. Este hecho conmocionó su movimiento con graves enfrentamientos ideológicos que destrozaron, con alegría para el capital, todo el trabajo realizado para crear una escuela de contenido proletario. La opción de los comunistas franceses, como los del resto del mundo occidental es la defensa de la llamada “escuela pública” sin cuestionar su contenido que está totalmente elaborado por los ideólogos del capital. Este seguramente ha sido uno de los grandes errores.
Y DE LA ESCUELA AL TRABAJO (SI LO HAY)
Fruto de esta falta de trabajo comunista en el corazón de la industria ideológica, el resultado posterior no puede ser más desalentador. Robert Kurz lo plantea con toda crudeza y realismo: “Los obreros de las centrales atómicas y de las fábricas químicas y de armamento cuando más airadamente protestan es cuando se habla de desactivar sus bombas de relojería. Y los «empleados» de Volkswagen, Ford o Toyota son los más fanáticos partidarios de los programas de suicidio automovilístico. Y no meramente porque se tienen que vender obligatoriamente porque se les «permita» vivir, sino porque se identifican ciertamente con esta existencia estúpida.
Las plantillas y los comités de empresa hace tiempos que ya no tienen a su verdadero enemigo en la dirección de su empresa, sino en los asalariados de las empresas y «enclaves» en competencia, indiferentemente que se encuentren en el siguiente pueblo o en el lejano Oriente. Y si se plantea la cuestión de quien le va a tocar saltar por la borde, cuando llegue la próxima racionalización empresarial, también se convierten en enemigos el departamento vecino y el compañero del lado”
La situación casi parece propia de un cuento demente, en el cual lo absurdo resulta normal y lo evidente incomprensible: lo que podría estar al alcance de la mano y apenas necesitaría mencionarse ha sido completamente reprimido de la conciencia social como si hubiera caído bajo un hechizo.
Para finalizar recordar que la lucha de clases se da en dos direcciones: del capital hacia el proletariado y a la inversa.
Y esta lucha de clases se da en tres frentes: El económico-reivindicativo ; el ideológico; el político.
Los comunistas hemos sucumbido en cuanto a dirección de la lucha de clases, y en cuanto a los tres frentes, nos hemos centrado casi exclusivamente en el económico-reivindicativo, pensando que de esta lucha surgirían nuevos combatientes para el comunismo, pero no ha sido así. Y en esta lucha de desgaste hemos abandonado el necesario trabajo ideológico para contrarrestar la cultura del capital, que impregna hasta el tuétano al conjunto del proletariado.
¿Seremos capaces de enmendar los errores? Este es el mensaje, este es el reto.
Josep Cónsola
Diciembre 2025
(Continuará)






