
Pero si hoy se pone en tela de juicio la ciencia, no es posible reconstruirla sobre bases sólidas independientemente de un trastorno radical de la sociedad, ni tampoco esperar pasivamente a que se produzca este trastorno para emprender esta reconstrucción. Comprender la naturaleza de los conflictos (basados en reivindicaciones, políticos, ideológicos) dentro de la propia ciencia, reconocer su inevitabilidad y decidir participar en ellos se convierten entonces en los criterios esenciales para una actitud radical (desde la raíz). (https://science-societe.fr/autocritique-de-la-science/ )
DEL PODER DE LA CIENCIA A LA CIENCIA DEL PODER.
En los países avanzados la ciencia desempeña un papel de gran preponderancia como herramienta de control de las relaciones sociales. En esos países, los grupos que poseen el dominio de la ciencia y la tecnología, detentan también el poder político y económico. Es por esto que la ideología de estos grupos impone en la mente de sus pueblos una concepción mistificada de lo que son la ciencia y los científicos, aprovechándose de la ignorancia general al respecto y contribuyendo así a perpetuarla. La finalidad de esto es evidente: presentar a la ciencia como panacea para todos los problemas, y mediante esto utilizarla, y con ello a los científicos, para justificar todo tipo de decisiones. La ciencia contribuye ideológicamente así a defender los intereses de los grupos que ostentan el poder. https://www.revistacienciasunam.com/pt/141-revistas/revista-ciencias-6/1118-para-una-auto-cr%C3%ADtica-de-la-ciencia-provinciana.html
El libro (Auto)crítica de la ciencia, publicado en 1975, entre otras cosas, hace un recorrido por el papel de la ciencia y los científicos durante la guerra de VietNam y las mortales consecuencias de sus investigaciones. También hace mención a un reducido número de científicos que se negaron a colaborar en los genocidios perpetrados por el complejo militar-industrial de Estados Unidos.
En la actualidad, se han multiplicado los científicos a sueldo del complejo militar-industrial, y las guerras, con sus centenares de miles de muertos se programan en los laboratorios universitarios, se fabrican sus artefactos con el beneplácito de obreros y sindicatos, se ejecutan a miles de kilómetros de distancia por científicos que han elaborado los sistemas informáticos de inteligencia artificial.
Algunas consideraciones del citado libro son de rabiosa actualidad como pudimos comprobar en la planificación del golpe de estado mundial del 2020 bajo el subterfugio pandémico, y la continuación de las guerras de “alta tecnología”, sin importar el número de muertos, mientras los científicos logran “grandes avances” en la destrucción de la humanidad subvencionados por los presupuestos de los respectivos estados a costa de la disminución de las prestaciones sociales tras una vida de trabajo.
“Hablar de la responsabilidad social de la ciencia, sin hablar de construir una sociedad que se sienta responsable de la gente, es una ilusión peligrosa, y que hay que denunciarla… Durante mucho tiempo, el mito de la neutralidad científica impidió que se planteara cualquier pregunta… Este es el temor que experimentan los científicos al escuchar, en uno de los santuarios reservados de la ciencia, un discurso con resonancia política. Una desconfianza hacia la crítica estalinista a la «ciencia burguesa» se convierte en el pretexto para rechazar cualquier cuestionamiento político.”
“La ciencia como ideología de poder: Hemos señalado el lugar central de la ciencia y la tecnología en las sociedades jerárquicas modernas. Ahora queremos plantear la idea de que la «racionalidad» de la ciencia y la tecnología también desempeña un papel crucial en la percepción que las personas tienen de sí mismas y de su sociedad. La ciencia está en el corazón de la dominación social no solo porque se emplea directamente en técnicas de control, sino también por el “respeto a la experiencia omnisciente” que se difunde en la sociedad. Existe una verdadera religión de la ciencia, que se convierte en un modelo absoluto de “racionalidad” para la sociedad. Se utiliza indiscriminadamente para explicar la organización y la estructura actuales del trabajo, así como para justificar la concentración del poder en manos de unos y su exclusión de otros. «La ciencia es ciega».”
“No es sorprendente que los médicos, restauradores de la fuerza de trabajo, utilicen un vocabulario incomprensible y tengan una caligrafía imposible: es el código policial de la supervivencia monopolizada”.
Hace ya mucho tiempo que el poder del conocimiento se transformó en conocimiento del poder. La ciencia contemporánea, heredera experimental de la religión de la Edad media, cumple, en relación con la sociedad de clases, las mismas funciones. Y sus mercenarios pretenciosos han conservado de sus antepasados el gusto y la necesidad del misterio, que lo denominan “derechos de patente”. Derechos que impiden conocer desde los componentes bioquímicos de cualquier pócima que inyectan a las personas, hasta el sofisticado software militar para asesinar a distancia personas o destruir pueblos enteros.
Sin la inestimable colaboración del mundo científico plagado de espadachines a sueldo, como decía Marx, el ejercicio del poder quedaría menguado, tanto en el aparato militar, como en el del control social.
Imperioso debe ser hacer un llamamiento a los científicos honestos para que pongan sus conocimientos al servicio del proletariado, única forma de contener las agresiones del capital contra toda la humanidad.
Josep Cónsola
Marzo 2026





