Capitalismo liberal, capitalismo conservador, capitalismo neoliberal, capitalismo democrático, capitalismo salvaje, capitalismo tecnocrático, capitalismo de estado, capitalismo proteccionista, anarcocapitalismo, capitalismo corporativo, capitalismo social de mercado, capitalismo popular, capitalismo autogestionario, capitalismo participativo, capitalismo colonial, imperialismo…, y sus variantes más extremas cuando atisbaba cierto peligro en los primeros decenios del siglo XX, que las podemos ejemplarizar en la política económica del tohokai japonés, el nacionalsocialismo alemán, el fascismo italiano y el nacionalsindicalismo español de los años 30.
Posteriormente las variantes latinoamericanas articuladas mediante el Plan Cóndor.
Pero, si nos quedáramos analizando estas variantes con el ojo puesto solamente en los aspectos económicos, no alcanzaríamos a ver la totalidad del capitalismo. El capitalismo, es un conjunto estructural cuya base más visible es la económica, aunque ésta sea tan solo la parte de un todo que engloba economía, cultura y relaciones sociales en un todo único que se verifica en el llamado mercado capitalista.
Debe distinguirse dicho mercado de los mercados anteriores al capitalismo, que solamente disponían de una base económica de intercambio, sin afectar la cultura ni las relaciones sociales de aquellos agentes que acudían a dichos mercados. Mercados caracterizados por el tipo de productos que se intercambian en ellos, producidos o elaborados por los propios agentes que acudían a los mismos, los cuales disponían tanto de la propiedad como de la posesión de los objetos –productos- que intercambiaban. Con lo cual mercado no es equivalente a capitalismo.
El mecanismo de funcionamiento del capitalismo moderno, en sus distintas denominaciones, ha sido el cambio de control sobre el sistema cultural, industrial, agrícola, financiero y de servicios. Ya no es el “capitalista” quien está al frente y toma las decisiones, sino unos “gerentes”, “directores ejecutivos”, etc., de las sociedades anónimas, que tal vez no disponen de titularidad jurídica sobre el capital, pero poseen la capacidad de decisión sobre las producciones, las inversiones, las relaciones laborales y con ellas, las contrataciones, los salarios y los despidos. Son los llamados CEO (Chief Executive Officer) en el neolenguaje de lo más progre, son las personas que se encargan de dirigir la empresa, es decir, los máximos responsable a nivel operativo.
Estos directores ejecutivos ya no son hijos o parientes del mayor poseedor de acciones de una sociedad, ni fruto del nepotismo de antaño. Nepotismo que ha quedado solamente circunscrito para ocupar empleos públicos, con el apodo de cargos de confianza, en todas las esferas de la administración para parientes, amigos y amantes de los políticos de turno. No tienen nada que ver con los mencionados CEOS que son el néctar destilado de las universidades de élite.
Hace doscientos años, el “dueño” del capital ejercía el control total, el cual pasaba de padres a hijos, y los beneficios derivados se solían reinvertir para incrementar el patrimonio en sus empresas. Hoy se conforman con percibir unas sustanciosas cantidades derivadas de porcentajes sobre los beneficios obtenidos, obteniendo ingentes sumas monetarias, y estar atentos a la bolsa de valores para invertir dichos capitales en cualquier lugar, sin importar que sean empresas de la competencia, de actividades ilícitas, drogas, prostitución, de especulación inmobiliaria o de fabricación de armamento.
Es otra de las caras del capital: el capital especulativo, corrupto y parasitario y alejado totalmente de las enseñanzas de Adam Smith en su “Teoría de los Sentimientos Morales”.
Esta es una breve escena de los que ostentan la “titularidad jurídica” de los capitales, en teoría los “dueños”. Pero la efectiva “posesión” de los mismos está en manos de estos altos ejecutivos señalados anteriormente. No son dueños, pero actúan como tales con plenos poderes. Poderes que no se circunscriben a las cuestiones meramente económicas, sino a toda la cadena de reproducción del capital en su vertiente ideológica y cultural.
Ejemplo del Grupo PRISA que tiene a dos consejeros en el consejo de administración de Telefónica.
Es un tecno-capitalismo, capitalismo de gestión, en el cual los dueños de la titularidad jurídica quedan opacados por lo que respecta a la toma de decisiones. Siguiendo el ejemplo de Telefónica, en la cual el 62,2% de las acciones están a manos de “Accionistas desconocidos”, es decir pequeños accionistas compradores de pequeñas participaciones. Siendo los dueños absolutos, por mayoría de capital, no tienen ningún papel en las decisiones, estamos hablando de casi un millón de estos pequeños accionistas a los cuales es muy difícil encontrar y poner de acuerdo para que puedan hacer valer sus títulos de propiedad.
De acuerdo con la información obtenida de la «Sociedad de Gestión de los Sistemas de Registro, Compensación y Liquidación de Valores» (Iberclear), con fecha 31 de diciembre de 2024, el número de accionistas de Telefónica, según registros individualizados a favor tanto de personas físicas como de personas jurídicas, ascendía a 1,0 millones de accionistas. https://www.telefonica.com/es/accionistas-inversores/la-accion/participaciones-significativas/
OTRAS FACETAS DEL CAPITALISMO
Los más progres que podemos conceptuarlos como la “izquierda caviar”, intentan emular la “Gauche Divine” barcelonesa de la década de los años sesenta del siglo XX, pero cambiando el wisky escocés por la cocaína sudamericana. Cambiando las tertulias literarias por los “viajes solidarios” a campos de refugiados o flotillas de lujo. Cambiando la emancipación de la mujer por la propaganda transgénero. Cambiando las canciones de María del Mar Bonet por la música esperpéntica anglosajona. Cambiando la sede de Bocaccio por rimbombantes sedes de ONG,s. Pero manteniendo su estatus de clase dirigente con un discurso articulado como un “nosotros” y dirigido hacia la clase obrera.
Pero, ¡ojo!, aliarse con capitalistas “progresistas”, el proletariado solo consigue más capitalismo.
Este capitalismo de “izquierda caviar” se solidariza con cualquier mandatario de la periferia del sistema que utilice palabras altisonantes sobre equidad, democracia, etc. Pero, como analizan los comunistas norteamericanos del Progressive Labour Party, a medida que la crisis internacional del capitalismo se intensifica, las viejas alianzas se desmoronan. Con todo en juego, los gobernantes menores del mundo —desde el África subsahariana hasta el Ártico, el nuevo escenario de rivalidad global— deben intentar adivinar qué potencia imperialista les ofrece la mejor oportunidad de sobrevivir. Los trabajadores no conocen fronteras y no tienen nada que ganar eligiendo a un grupo de capitalistas parásitos en lugar de otro. No hay buenos jefes; cuando sus ganancias están en juego, cada uno de ellos sacrificará a millones de nuestros compañeros y compañeras de clase. https://www.plp.org/es/nuestra-lucha
Los mercaderes del BRICS, lanzan discursos aparentemente contrarios a los emitidos por la Unión Europea y Estados Unidos, que en dependencia con que oreja se escuchen, se pueden considerar más “progresistas” que sus teóricos adversarios.
Casi dos décadas después de unirse al grupo BRICS, Sudáfrica en 2025, el PIB per cápita es inferior al de 2007, con un claro deterioro de los indicadores sociales: desempleo, aumento de la pobreza e infraestructuras gravemente degradadas. La “Nación del Arcoíris” sigue atrapada en un crecimiento débil, frenada por dos grandes limitaciones estructurales: el fracaso del sistema energético y las profundas distorsiones del mercado laboral.
Una tasa de desempleo del 33,2 % en el segundo trimestre de 2025, Sudáfrica presenta uno de los niveles más altos del mundo. Esta situación es el resultado de una combinación de factores: desindustrialización continua desde 2008, desajuste entre la oferta y la demanda de trabajo (el 42 % de la población activa no tiene estudios secundarios) y, sobre todo, el legado territorial del apartheid, que mantiene a gran parte de la población alejada de los centros económicos.
A pesar del fin del apartheid hace más de 30 años, la segregación espacial persiste. Los townships (municipios) y las zonas desfavorecidas siguen estando lejos de los centros de empleo, con costes de transporte prohibitivos e infraestructuras insuficientes. Esta fragmentación territorial genera una exclusión estructural que mantiene la participación laboral anormalmente baja y limita la eficacia de cualquier política de estímulo al empleo. https://www.coface.es/noticias-economia-insights/sudafrica-atrapada-en-la-rutina-como-puede-salir-de-la-trampa-del-estancamiento-economico
Pero, los comunistas, lo mismo da que seamos europeos, rusos, chinos, indios o africanos, no debemos jugar en el mismo tablero que nuestro enemigo mortal que no es otro que el capitalismo, sea vestido del color que sea.
Josep Cónsola
Marzo 2026




