MAKE PROLETARIAT GREAT AGAIN

(Hagamos que el proletariado vuelva a ser grande)

Al presidente de turno estadounidense le gusta corear, cuando tiene ocasión “Make America Great Again” (Hagamos que EE.UU. vuelva a ser grande), lo cual sintoniza con la ofensiva militar, económica y cultural que intenta llevar a cabo.

Make Capitalism Great Again (Hagamos que el capitalismo vuelva a ser grande), claman desde las poltronas del Parlamento Europeo hasta los confines euroasiáticos pasando por África y Latinoamérica.

Capitalismo de todos los colores, capitalismo verde, ecocapitalismo, capitalismo popular, capitalismo de estado, capitalismo transgénero, capitalismo rosa, anarcocapitalismo, capitalismo corporativo, capitalismo social…, Uno sólo pero vestido de variados colores, que a la postre sirve para enmarañar la mente de aquellas personas incautas que prestan oídos a los anuncios televisivos, que, lo mismo sirven para vender cualquier memez material o para vender las mismas memeces envueltas en papel político.

Podemos constatar una especie de pelea callejera, con navajas incluidas –mejor decir misiles incluidos-, que emulando los discursos politiqueros sobre la corrupción (tú eres más corrupto que yo, o, yo soy menos corrupto que tú) discuten sobre el pedigrí del capitalismo respectivo, que si es de vieja cuna o recién llegado, que si es fiel a sus principios o se tergiversan, que si es más democrático o menos… ¡Mi capitalismo es mejor! Clama desesperadamente y a coro la llamada izquierda woke, justificando desvergonzadamente que no es prima hermana del fascismo –aunque lo sea-, como lo es el capitalismo de cualquier otro lugar bajo el sol.

A pesar de las disputas de salón, en algo están de acuerdo: En la necesidad de la existencia de personas que, sin disponer de otra cosa que su cuerpo y mente, son los artífices de la creación de riqueza que tanto tirios como troyanos se apoderan de ella: Es el Proletariado. Dicho proletariado es muy diferente del existente hace dos o trescientos años, pues ha mutado según los intereses en cada etapa histórica del capitalismo, pero existir, existe. No va vestido con harapos; algunos de sus miembros incluso subjetivamente se precian de acercarse a lo que se llama clase media, debido a que están mejor retribuidos que el resto o disponen de ciertas comodidades: un contrato de trabajo fijo, bien retribuido, y una consideración coyuntural por parte de su explotador mientras no sobrevuele un expediente de regulación de empleo por obra y gracia de la implantación de la Inteligencia Artificial.

Sí existe, como en otras épocas, un subproletariado que está situado fuera de los canales tradicionales de explotación y que sobrevive de los fondos de la asistencia social. Antaño se establecía una diferenciación entre los trabajadores de “cuello blanco” y los de “cuello azul”, pero esta caracterización también ha cambiado, y la brecha la podemos encontrar entre los que disponen de contrato fijo, una más o menos estabilidad en los ingresos y condiciones de trabajo, y los que algunos denominan “precariado” con contratos temporales, parciales, o simplemente sin ningún tipo de contrato, excluidos del mercado y del consumo.

Una de las consecuencias de las nuevas modalidades de explotación por parte del capital ha sido la fragmentación del proletariado, ante la cual los discípulos de la vieja Liga de los Comunistas que a mitad del siglo XIX proclamaron “Proletarios de todos los países ¡Uníos!” no han sabido, o no han podido actualizar este llamamiento, basculando su acción política hacia este subproletariado mencionado, creando, sin proponérselo, un “lumpenproletariado” que se va acostumbrando a subsistir de la caridad pública y avalando las formaciones políticas que les aseguren unos ciertos ingresos a cambio solamente de mantener una sumisión a los representantes del capital, ya sean estos vestidos de demócratas o de totalitarios.

La tarea de recomposición del nuevo y viejo proletariado no es cosa fácil y el moderno sindicalismo mayoritario receptor de ingentes cantidades dinerarias ya sea por parte de los presupuestos del estado o de las asignaciones empresariales, no está capacitado para esta tarea. Hace años que ha renunciado a un enfrentamiento con el estado de las cosas, y se circunscribe a mercadear con más o menos fortuna, el precio de la venta de la fuerza de trabajo.

Esta tarea de unión proletaria deberían realizarla los que se proclaman comunistas, pero desgraciadamente su fragmentación mayormente artificial, basada en sutiles matizaciones alejadas de su contexto inmediato y alineadas con dimes y diretes del capitalismo, ataviado éste con manto progresista o reaccionario, haciendo papel de víctima o de verdugo según sus intereses geopolíticos, intentando atraer la mayor parte de sus respectivos proletarios, aumentando las derivas nacionalistas mediante un discurso basado tanto en la “defensa de la patria”, como en el reparto de las caridades públicas antes mencionadas.

Mientras el proletariado y las organizaciones que en teoría deberían ser las abanderadas de su unidad y organización no rompan esta infernal dinámica que conlleva el enfrentamiento a muerte de los proletarios de diversos países y se autoinmolan en el altar de Ares, defendiendo los intereses de los respectivos capitales nacionales, difícil será avanzar en su emancipación.

Debemos retener en la memoria las grandes conflagraciones mundiales del siglo XX: proletarios franceses, ingleses y rusos matando proletarios austrohúngaros, y a la inversa, hasta que la lucidez de quienes se proclamaron comunistas a principios de siglo XX llegaron a la conclusión que para construir una nueva sociedad, lo primero debería ser dejar de matar a los proletarios de otros países. La acción y llamamiento de los comunistas rusos en aquellos momentos fue la de abandonar el frente de guerra y volver a casa, aunque ello significara un coste económico y territorial impresionante que se materializó en los acuerdos del Tratado de Brest-Litov, pero que sentó las bases para derrotar el capitalismo nacionalista y emprender el camino hacia un futuro prometedor y en paz.

En la segunda parte de la guerra proletarios alemanes e italianos matando proletarios soviéticos y a la inversa. Proletarios norteamericanos matando proletarios japoneses, proletarios japoneses matando proletarios chinos… Una masacre inmensa a mayor gloria del capital que pudo reiniciar una nueva etapa de modernización, tanto del tejido social, como industrial.

Sobrevoló una débil esperanza ya que parecía haberse afianzado la perspectiva de creación de algunas sociedades en las cuales el capitalismo había sido derrotado y tal vez sería un punto de referencia para el proletariado mundial, tanto el perteneciente a los países estrictamente capitalistas, como para el de los países sometidos al colonialismo.

El curso de la historia no fue el previsto y este futuro prometedor se resquebrajó, tanto en el llamado bloque socialista, como en los procesos de independencia colonial y volvió al pasado devolviendo al capitalismo lo que se había intentado sustraerle.

En esta nueva etapa de reorganización del capitalismo a escala mundial, las organizaciones que dicen ser avanzadilla del proletariado, deben preguntarse si los textos elaborados por los revolucionarios del siglo XIX son un Catecismo, Talmud o Corán que no permiten discrepancia alguna a pesar del tiempo transcurrido, o son puntos de referencia de lo que, en un momento histórico dado, en un contexto social determinado, los revolucionarios comunistas de aquel momento analizaron, organizaron y pusieron en práctica.

Depende de la respuesta, se puede avanzar o mantenerse en un estado esclerótico, sin impulsar ni la lucha de clases ni la reorganización proletaria. La impresión, de acuerdo con el quehacer actual de los grupos autodenominados revolucionarios, es que hacen gala del victimismo, y el discurso y reivindicaciones que realizan, reclaman más caridad pública para dichas víctimas, no teniendo en consideración que la cultura del victimismo lo que hace es reafirmar el papel del lumpenproletariado, cuya aspiración es solucionar “su” problema personal, alejándose de una perspectiva colectiva, elemento básico para la reorganización proletaria.

Alexis Henri Charles de Clérel, (Alexis de Tocqueville) fue uno de los más importantes ideólogos del conservadurismo liberal. Su texto escrito con el nombre de Memoria sobre el pauperismo, (Editorial Tecnos. 2003) presenta el pauperismo como novedoso e impactante en la Francia de 1830. En las citadas Memoriasescribe: “Al recorrer las diversas regiones de Europa se recibe el impacto de un es­pectáculo realmente extraordinario y aparentemente inexplicable”. https://es.scribd.com/document/249031311/TOCQUEVILLE-Memoria-Sobre-El-Pauperismo-1835

El espectáculo no es otro que una nueva forma de pobreza que se desarrolla precisamente en aquellos países y regiones económicamente más avanzados y, por lo tanto, más ricos. El “espectáculo” de la depauperación que sobrevive de la asistencia social, crece al mismo tiempo en que una parte de la pobla­ción trabajadora vive en condiciones de bonanza económica.

Tocqueville, utiliza el término pauperismo para designar la nueva pobreza característica del capitalismo: el trabajo asalariado, el cual no impide la indigencia ya que el grueso de los pauperizados pueden ser tra­bajadores en activo.

Esta pobreza tiene una raíz bien distinta de la pobreza tradicional; originada por la falta de trabajo y de ingresos, está directamente ligada a formas de trabajo derivadas de la Revolución Industrial, creadoras de riqueza y pobreza al mismo tiempo.

Sobrevivir de la asistencia social, crea necesariamente un hábito de dependencia entre un buen número de trabajadores asalariados pauperizados. Como consecuencia, el sistema asistencial siempre tenderá a crear más pauperismo, es decir, un mayor número de personas válidos para el trabajo que reclaman de las autoridades la asistencia públicas y a la que quedan sometidos al obtener los ingresos mínimos que  permiten sobrevivir al margen del mercado de trabajo, o acudien­do al mismo de manera esporádica.

El pau­perismo no puede ser abordado mediante el derecho a la asistencia, pues éste lo único que hace es consolidarlo y extenderlo, aunque Tocqueville propone soluciones peores ya que son una mezcla de asistencia y represión al mismo tiempo, a pesar de ciertas diferencias con el modelo asistencial inglés. (https://www.google.com/url?esrc=s&q=&rct=j&sa=U&url=https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2604724.pdf&ved=2ahUKEwiPv6PL4raSAxVJTKQEHS-qPScQFnoECAgQAg&usg=AOvVaw2xRX94kBnAqxhR0gu6kMj9

Tras este pequeño bosquejo con una antigüedad de doscientos años, podemos establecer paralelismos que nos permitan analizar en profundidad las consecuencias de la implantación de la Cuarta Revolución Industrial, el concepto de Industria 4.0, las consecuencias de “fabricación” de riqueza y pobreza al mismo tiempo, así como las políticas actuales de asistencia social y las diversas propuestas políticas en un abanico que engloba desde lo más conservador a lo más progresista.

En 1973, Friedrich Hayek, en el tomo II del  libro “Derecho, legislación y libertad: El espejismo de la justicia social”,  afirmaba que no existe razón para que en una sociedad libre “el Gobierno no se ocupe de facilitar oportuna ayuda ante la estricta necesidad garantizando de manera general un mínimo nivel de ingresos, ni para que deje de establecerse un umbral de bienestar por debajo del cual nadie se vea obligado a permanecer.”https://www.google.com/url?esrc=s&q=&rct=j&sa=U&url=https://www.pensamientocritico.info/libros/libros-de-otros-autores.html%3Fdownload%3D54:jorge-vergara&ved=2ahUKEwjXtbzZ27eSAxU8h_0HHYgQIfkQFnoECAYQAg&usg=AOvVaw3TCuGd6tCoFt0nl6opdJv2

Milton Friedman, en “Capitalismo y Libertad”, (1962) apuesta por un impuesto negativo sobre la renta. El concepto de impuesto negativo consiste en un subsidio o renta garantizada para todos los ciudadanos sin ingresos, o con ingresos por debajo de algún nivel mínimo, que irá desapareciendo si la persona que lo percibe comienza a aumentarlos. https://www.academia.edu/102371158/Capitalismo_y_Libertad_Milton_Friedman_y_Rose_Friedman

Para Hayek, y en palabras de Caridad Velarde en su libro Hayek: una teoría de la Justicia, la Moral y el Derecho, el orden económico no sufre porque al margen de él se salga al paso de las necesidades particulares de determinados individuos. https://juandemariana.org/hayek-friedman-y-la-renta-minima/

Renta básica universal, Ingreso mínimo vital, etc. puede que a alguien desinformado le parezca unas reivindicaciones de lo más progresista, cuando en realidad la idea central de las mismas parten de las teorías económicas más reaccionarias.

Soluciones todas ellas cuya esencia es el apuntalamiento del capitalismo y evitar su derrumbe por el peligro que supone la perspectiva de una revuelta social.

Ante la perplejidad del momento actual, y fruto de la impotencia y desorientación, no se ataca la línea de flotación del capital, sus fuentes de ingresos, sus infraestructuras civiles, militares o culturales, sino que se bascula hacia la generalización de modernos “happenings” domingueros que bajo el epígrafe de “solidaridad” y con grandes pancartas llenas de eslóganes grandilocuentes, tienen sin cuidado al capital ya sea autóctono o foráneo, nacional o trasnacional.

Tal vez una de las actuaciones culturales para enfrentar la cultura del capital sería redefinir que entendemos por solidaridad, puesto que tal como la definía Emile Durkheim, teórico por excelencia de la solidaridad en el capitalismo, partía de la concepción de la sociedad como un “vaste atelier” (un gran taller o una gran empresa) y la solidaridad una tercera vía frente al individualismo y al socialismo.

Tras la Comuna de París y el miedo al socialismo, en el contexto de la Gran Depresión económica que comienza en 1873-75,  el capitalismo francés buscó en primer lugar reconstruir el consenso social en el marco del liberalismo. Pero la crisis económica y el ascenso de los republicanos de izquierda, fue a la búsqueda de una tercera vía reformadora, y el término solidaridad que circuló en Francia cada vez más a partir de 1880 fue precisado y profundizado en “Dans la division du travail social” por Emile Durkheim en 1893.

Antes de convertirse a comienzos del siglo XX en la doctrina del radical-socialismo, el solidarismo no sólo fusionó a los reformadores republicanos y socialistas, sino que fue apoyado por los católicos a fin de poner en práctica los contenidos de la Encíclica Rerum Novarum. Es lo que explica la legislación en favor de la indigencia y de la familia, corno una prolongación de la asistencia tradicional, pero haciendo de ello un derecho con financiación pública.

https://www.google.com/url?esrc=s&q=&rct=j&sa=U&url=https://www.revistasmarcialpons.es/revistaayer/article/download/petit-pobreza-beneficencia-y-politicas-sociales/3069/7536&ved=2ahUKEwiPv6PL4raSAxVJTKQEHS-qPScQFnoECAcQAg&usg=AOvVaw3SKNqGmRNLnTfFGCdL6efd

Durante La Exposición Universal  de París inaugurada el 15 de abril de 1900, se celebró el Congreso internacional sobre Educación Social cuyo lema fue “La Solidaridad”. La solidaridad como “cemento”, como elemento básico de integración social y de legitimación, en aquel momento, de la III República francesa, que soslaya el conflicto social, tal como lo expresa Javier de Lucas en el libro “El concepto de solidaridad”.

Mientras, la exposición de París en 1900 fue también un espacio de ocio, donde la restauración, la música, el baile, las escenas performativas por las avenidas de la exposición, junto a la iluminación nocturna de sus pabellones y el erotismo se sumaban a nuevas tipologías del divertimento: «Mientras los maridos discuten asuntos de negocios en el Viejo Continente, las mujeres, estadounidenses sobre todo, aunque también sudamericanas, recorren las tiendas de los grandes sastres o los grandes modistos, y las joyerías en boga, para luego regresar a su país con las prendas que solo París es capaz de diseñar, y no únicamente prendas de vestir, sino también zapatos y ropa interior. Montones de cosas como estas conquistaron a las mujeres del mundo entero», señala la historiadora Dominique Lobstein.

Esos años 1900 plenos de optimismo y de un erotismo difuso, en un aturdimiento de música que cubría el más mínimo presentimiento de la masacre que estaba a punto de producirse. https://www.parismusees.paris.fr/es/parcours-thematiques/paris-en-el-1900

Y, esto ocurría a los pocos años de la guerra franco-prusiana, en la que los capitales prusianos sembraron la muerte de miles de proletarios para forjar una nación alemana unificada a expensas de parte del territorio francés. Los capitalistas franceses sacrificaron a su proletariado para impedirlo y mantener su hegemonía sobre la Europa continental. Y como continuación de este “regalo capitalista”, un intento de rechazo que cuajó en la efímera Comuna de París arrasada a sangre y fuego por la nueva alianza entre los capitales franceses y prusianos.

Fruto, tal vez de esta concepción Durkheimiana de la solidaridad, junto a la concepción jacobina de Nación y sintiéndose cerca de la comunidad francesa en Argelia, hizo que la dirección del Partido Comunista Francés durante la lucha anticolonial argelina, no se pronunciara claramente a favor de la independencia sin condiciones.

Actitud que fue denunciada por numerosos intelectuales, entre ellos miembros del equipo de Le Mouvement Social como René Gallissot, Jacques Julliard o Madeleine Rebérioux, quienes se mostraron especialmente combativos en la lucha contra la práctica de la tortura y el asesinato selectivo.

Madeleine Rebérioux. En una entrevista realizada en París el 26 de mayo de 2000 respondía así a una de las preguntas: “Era miembro por entonces del PCF, no estaba de acuerdo con la postura de mi partido sobre la guerra de Argelia. (…) La mayor parte de los que participamos en la fundación de Le Mouvement Social tomamos parte en la lucha a favor la independencia de Argelia. Yo participaba activamente. Luchábamos contra la tortura y para que los argelinos no fueran condenados a muerte. Fueron años de intensa batalla política en Francia. Estábamos en desacuerdo con la manera en que los partidos y sindicatos de los que éramos miembros trataban el tema de Argelia. Condenábamos la farsa con la que éstos trataban la guerra de Argelia”.

https://www.google.com/url?esrc=s&q=&rct=j&sa=U&url=https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/8924484.pdf&ved=2ahUKEwii49Sb07WSAxUxcKQEHengAEsQFnoECAQQAg&usg=AOvVaw2Ly530ufBnIX4Mb-X-KLHq

La diferencia entre aquel ayer y este hoy estriba en que los “pronunciamientos públicos” anticapitalistas son extenuantes, no fuera el caso de quedar “políticamente incorrectos” ante el espejismo progresista. Pero tras estos pronunciamientos y una que otra manifestación o concentración ante alguna embajada, que tiene sin cuidado al capital, queda un vacío no compensado con la agresión directa a los intereses económicos, políticos y culturales del mismo.

Si realmente se define que estamos ante un estado de necesidad, la lógica sería como señalaba Günter Anders, establecer una legítima defensa. Y esta defensa debe tener nombre: Boicot, sabotaje, huelga de producción, de consumo, de pagos, de transporte, etc.,  y establecer mecanismos de ayuda mutua proletaria para la subsistencia, alejados de las caridades públicas en forma de asistencia social.

Una parte muy importante del proletariado occidental hoy dispone de recursos, de ahorros, para colaborar en esta operación de enfrentamiento y derribo de las estructuras capitalistas, aquí y allá donde sea necesario. Para ello es preciso incorporar a la lucha de clases a una parte del nuevo proletariado de cuello blanco conformado por ingenieros, técnicos, titulados universitarios, médicos, profesores…, los cuales no tomarán partida mediante reivindicaciones puramente económicas, sino que se incorporarán a la lucha de clases si somos capaces de convencerlos éticamente que el capitalismo conlleva a la degradación y destrucción humanas, invitándoles a participar en la destrucción del mismo y a la construcción de un nuevo tipo de sociedad y de relaciones humanas.

¿Quién está en condiciones de bloquear los sistemas bancarios que funcionan mediante la inteligencia artificial, sino los especialistas en software? ¿Quién está en condiciones de romper con los contenidos curriculares impuestos por el capital sino los profesores tanto de secundaria cómo universitarios? ¿Quién está en condiciones de enfrentar a la mafia químico-farmacéutica sino los profesionales sanitarios que no se han dejado corromper? ¿Quién puede boicotear la producción en una empresa robotizada, sino los ingenieros informáticos?

Si no pensamos que estos asalariados –bien remunerados-, forman parte también del moderno proletariado, desdeñamos su posible aportación a la lucha de clases y si centramos la atención solamente en este proletariado excluido del proceso de explotación o de las llamadas “víctimas”, lo único que conseguiremos es hacer una competencia, en condiciones de inferioridad,  con las fundaciones caritativas, las iglesias y el monstruo de la asistencia social del Estado.

El movimiento obrero, es movimiento si se mueve, no si está paralizado por el miedo, por la devolución de préstamos o por una etérea solidaridad. Podemos establecer como hipótesis que los proletarios de “cuello azul” de antaño, hoy afiliados  a las grandes centrales sindicales, y concentrados en las llamadas grandes empresas, con contratos fijos y buenas remuneraciones, no serán la solución, más bien se han convertido en el problema.

Dos ejemplos recientes: “La Caixa” planteó a los sindicatos una reducción de personal de más de cuatro mil empleados. El problema se creó cuando las solicitudes de despido voluntario por parte de sus trabajadores, fue superior a las pretensiones del grupo bancario, fruto de unas onerosas indemnizaciones, de jugosas jubilaciones anticipadas,  y de una ausencia de conciencia de clase. Veremos que ocurre en Telefónica cuando se anuncia el despido de unos cinco mil trabajadores con las mismas o mejores condiciones que la banca.

En esta calculada fragmentación de los centros productivos o de servicios, con la destrucción de las entidades vecinales antaño agrupadas por barrios, con unas relaciones personales y sociales derivadas de años de convivir en los mismos espacios urbanos, con la introducción de costumbres, lenguajes, culturas y modas foráneas alejadas de la memoria colectiva, nos cabe realizar varias preguntas, entre ellas una de importante: ¿Cómo, organizar este moderno proletariado difuso y confuso, con grandes diferencia en su seno?

Este reto, no vamos a encontrarlo en las lecturas revolucionarias del siglo XIX que sin lugar a dudas eran acertadas en su contexto histórico, y si no somos capaces de realizar un esfuerzo intelectual paralelo al organizativo, la lucha de clases solamente caminará ofensiva en una dirección: del capital contra el proletariado.

Un déficit de pensamiento propio, comunista, revolucionario, sin los lastres miméticos de otros tiempos y otras latitudes, no ayudan a establecer propuestas de acción acordes a las nuevas reorganizaciones del capital. Una tarea imprescindible debe basarse en la actualización del pensamiento y acción de los revolucionarios del siglo XIX, tomando de ellos su capacidad de análisis del momento concreto y consecuentemente la acción y organización acorde a su época.

No será cavilando sobre una moderna toma del Palacio de Invierno, sino analizando los distintos palacios existentes hoy y apostando por el asalto a ellos partiendo del que tenga las defensas más débiles. Para ello es preciso disponer de una fuerza revolucionaria compuesta por el viejo y el nuevo proletariado. Moderno proletariado que ya no es el analfabeto de antaño que debía sustentarse, educarse y orientarse mediante algunos personajes ilustrados de la aristocracia o de la burguesía que habían renunciado a su cuna y se habían acercado y comprometido con el proletariado de su tiempo.

Hoy, una parte muy importante de los titulados universitarios son hijos del proletariado industrial del siglo XX. Se trata de que regresen a sus orígenes, se desentiendan de los cantos de sirena que les ofrece el capital y que decididamente pongan sus conocimientos al servicio de la organización y acción de un necesario movimiento obrero revolucionario.

Esta tarea debe formar parte de las perspectivas de cualquier partido comunista que tenga en su horizonte un cambio social en su totalidad y no se circunscriba solamente a reivindicar “más de lo mismo”.

Por todo ello, así como el capital clama “Make Capitalism Great Again”, nosotros debemos contraponer nuestro lema: Hagamos que el proletariado vuelva a ser grande (Make Proletariat Great Again)

 

Josep Cónsola

Febrero 2026