La Directiva 2019/1937 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2019, como la española,Ley 2/2023, de 20 de febrero, considera que la colaboración ciudadana es un deber de todo ciudadano cuando presencie la comisión de un delito o un acto contrario a derecho. La Ley contempla la denuncia anónima.
Debe tenerse en cuenta que el informante, por el hecho de comunicar la existencia de una infracción penal o administrativa, no tiene la condición de interesado, sino de colaborador con la Administración. https://nosoloimpuestos.es/2023/11/28/nueva-ley-para-proteger-a-los-delatores/
Estas legislaciones, bajo el subterfugio de “lucha contra la corrupción y el terrorismo”, abren la puerta a la configuración de una sociedad de delatores similar a un extenso cuerpo paramilitar, como pudimos comprobar durante el golpe de estado sanitario del 2020, consecuencias del cual la sociedad no se ha recuperado en absoluto.
Durante los años de franquismo, los informes enviados a los servicios de vigilancia e información del estado franquista con datos de los ciudadanos no resultaron suficientes para investigar los antecedentes políticos y religiosos de la población. La denuncia anónima se convirtió en un instrumento ampliamente empleado para asegurar un castigo y depuración social completos.
Las denuncias no fueron únicamente una fuente de información para llevar a cabo todos los castigos, sino también la forma más rápida de implicar a la sociedad civil en la represión, y reforzar sus lazos con la dictadura…Los delatores, denunciando a compañeros, vecinos o familiares, ligaban su futuro a la suerte del régimen… Los expedientes contenidos en los archivos están llenos de miles de estas denuncias. Entrar en contacto con ellas es entrar en contacto con toda la miseria moral de una sociedad construida y articulada en torno al miedo. La delación también es un regulador de poder. (https://www.lavozdelarepublica.es/2022/01/delatores-el-envilecimiento-moral-en-la.html)
Volvamos al año 2020 en el cual aparecieron los llamados “policías de balcón” que durante los arrestos domiciliarios, teléfono en mano, llamaban a los cuerpos de seguridad del Estado para denunciar al vecino, vecina, joven o anciano que osaba pisar la calle contraviniendo las órdenes del Poder, reforzando, como en el franquismo, sus lazos con la “democrática” dictadura presente hoy. ¡Ay de aquel o aquella que no se asomaba a la ventana para seguir las consignas de aplaudir! ¿A quién? ¿Al virus invisible? ¿A los cuerpos de policía? ¿A los empleados de pompas fúnebres? ¿A los empleados del sistema sanitario? O ¿A los que habían implantado el golpe de estado sanitario?
El director de la revista de filosofía HASER, José Barrientos, en un artículo titulado “POLICÍAS DE BALCÓN Y OTRAS INCIDENCIAS FOUCAULTIANAS”, anota que “Un policía de balcón es aquella persona que, de forma acrítica, mediada por el miedo y la incertidumbre, por la indignación a la restricción de la movilidad y/o por un individualismo estratégico y egocéntrico se dispone a dos acciones contra sus vecinos y conciudadanos: (1) denunciar la ilegalidad e inmoralidad ajena y (2) olvidar las propias acciones delictivas e ilegítimas”.
…Este equipo de seguridad gratuito inquieta por dos razones: una personal y otra social. La personal nos conecta con la Alemania nazi: aquellos aciagos años, también se denunció a personas, a judíos, con razones secundadas por nuestra guardia de balcón: (1) el respeto a la ley establecida y (2) el miedo a las consecuencias por evitar denunciar.
…Ahora bien, nuestro gendarme doméstico no sale indemne de la denuncia: la vigilancia y denuncia posee efectos en un doble sentido. El incremento de vigilancia hacia los otros redunda en la propia puesto que se acaba temiendo ser denunciado… En síntesis, el policía acaba cooperando a su propia destrucción”. ttps://www.enpoli.com.mx/centro-educativo-para-la-creacion-autonoma-de-practicas-filosoficas/policia-de-balcon-y-otras-incidencias-foucaultianas/
El auge del “fascismo” que tanto les gusta denunciar a la izquierda woke, para esconder sus propias miserias, lo atribuyen a ciertas formaciones políticas y de este modo corren un tupido velo sobre el fondo de una actividad social cada vez más preocupante. Actividad que desde las instancias gubernamentales se fomenta de múltiples formas, entre ellas la delación. Delación que se inserta desde los pequeños municipios: delatar si no se recoge la mierda de un perro; si un perro va sin bozal o correa; si no se tira la basura en el contenedor correspondiente; si un coche está aparcado donde al parecer no corresponde; si alguien camina por la calle en altas horas de la noche… O, más allá de los pequeños municipios, si alguien escribe un artículo contrario a las verdades vociferadas por “expertos”, la denuncia va a parar a instancias superiores.
Es una cadena de vigilancia, de honda raíz totalitaria, que hace aflorar en algunas personas un cierto deseo de poder. Un poder que no pueden ejercerlo públicamente pero que el Estado les otorga la prerrogativa del anonimato para convertirlas en pequeños y despreciables tiranos, cuya misión, con conocimiento o sin él, es formar parte de la cadena de control social. Ayer por el Covid, hoy por las Leyes de bienestar animal, de género, de cambio climático, de… Y mañana, emulando la sociedad de la Alemania nazi, por cualquier comentario público que no se ajuste a lo “políticamente correcto”, es decir que cualquiera puede considerarse culpable y condenado.
Fabien Jobard lo explica así en LE POUVOIR OBSCUR DE LA DÉLATION: “La denuncia, arma de los tiranos, es también su pasión.La consecuencia: la circularidad de la denuncia, que, de un fin al servicio del poder, se convierte en un medio para protegerse de lo que este genera.El ridículo no mata la denuncia, ni, por desgracia, su naturaleza odiosa: todo esto no debe ocultar el carácter egoísta, venal, en una palabra, despreciable de la denuncia… La esfera pública es el lugar ideal para la formación cívica de la opinión y la toma de decisiones.¿Por qué, entonces, persisten las prácticas de denuncia en una democracia, cuando todo debería garantizar la libre circulación de la palabra?”https://classiques.uqam.ca/contemporains/brodeur_jean_paul/citoyens_et_delateurs/citoyens_et_delateurs.pdf )
La delación es tan solo una de las múltiples formas de control social, tal vez la más llamativa por estar utilizada por personas cercanas, residiendo en un mismo edificio, viviendo en la misma calle… Las otras formas (intervenciones de llamadas telefónicas, de mensajes, son operadas a distancia por personas sin ningún tipo de relación, o por robots funcionando por algoritmos).
El gobierno del Reino Unido está planeando seguir adelante con BritCard, un DNI digital centralizado que podría rastrear tus datos biométricos, historial médico, historial de viajes, finanzas, derecho a trabajar/estatus de alquiler, e incluso actividad en línea… todo en una sola app.
Lo están vendiendo como una forma de combatir la inmigración ilegal pero seamos honestos: esto es infraestructura de vigilancia masiva. Una vez que esté en funcionamiento, se puede usar para negar servicios, controlar la disidencia, o incluso automatizar restricciones — especialmente cuando se vincula con el reconocimiento facial.
Parece similar a la reciente Ley de “Seguridad” en Línea donde usan la “Seguridad” (en este caso, la migración ilegal) como una excusa para implementar otra ley ineficaz pero que expande el poder del gobierno. (https://www.reddit.com/r/Britain/comments/1mg8bwn/britcard_the_uks_new_digital_id_is_more_dangerous/?tl=es-419 )
Si se ponen en marcha estos mecanismos, quedarán frustrados los delatores, chivatos, policías de balcón y otras hierbas, que deberán buscar otros medios para mostrar su entusiasta afirmación hacia el poder establecido aunque sea base perder el “poder” que creían tener. Una hipótesis puede ser que se abalancen más hacia posiciones políticas de extrema derecha, convirtiéndose en una “derecha social” extremadamente peligrosa, emulando las SA alemanas, las camisas pardas o las camisas azules. Agobiados por el desprecio con que una parte de la sociedad mira y designa a los chivatos y confidentes.
Un peligro más para las personas y un triunfo más para las élites políticas, económicas, militares y sanitarias.
Si hemos aprendido algo de estos últimos cinco años, es que el miedo se ha apoderado del tejido social, y el miedo puede conjurarse de dos formas: Una reorganizando el maltrecho tejido social con objetivos políticos de cambio social, y otra aumentando la dependencia de las órdenes, intensificando la sumisión.
Los comunistas deberíamos tener clara la forma de conjurar el miedo: LA ORGANIZACIÓN DEL PROLETARIADO.
Josep Cónsola
Enero 2026
ANEXO
Consideraciones de Ludovico Geymonat sobre la delación y el arrepentimiento en el diálogo con Fabio Minazzi.
Diálogo publicado en la revista Belfagor de 1 de enero de 1987. (https://es.scribd.com/document/661168253/La-Libertad-Geymonat-1-1)
Fabio Minazzi. Filósofo, director de la revista Belfagor.
Ludovico Geymonat. Comunista, filósofo, miembro del comité central del PCI y senador.
“… La legislación de excepción introducida en los últimos años en Italia habría que reconocer francamente que estas medidas, aun en el caso que puedan tener ciertas justificaciones, en realidad se configuran como una “auténtica propaganda de la delación”, lo que es algo monstruoso. Si además observamos que la delación y el consiguiente arrepentimiento es posible cuando existe un cierto ideal, que puede ser más o menos traicionado, se deriva la necesidad de reconocer que no es posible entender el significado del arrepentimiento para la delincuencia organizada.
En tal caso el arrepentimiento se demuestra doblemente inmoral y absolutamente fuera de la civilización, ya que si se reconoce que la “civilización” debe ser producto de este arrepentimiento, habrá que preguntarse realmente que significado pueda encerrar todo esto y que civilización pueda llegar a construirse, cimentada en la delación.
Mi impresión es que en conjunto asistimos a un terrible descenso del nivel moral del individuo en tanto se acaba por premiar el envilecimiento y de este modo se daña a la colectividad, ya que en el fondo se la priva de personas que en todo caso tenían sus valores.
Hoy es posible decir que el arrepentimiento y la delación han producido una situación que ha corrompido toda la convivencia civil ya que ha emergido como único criterio de valoración el criterio individual y personal, el “particular” de cada delator.
Para comprender bien la actual degradación moral conviene aun tener presente alguna que otra observación. Si, por ejemplo, nos referimos a la experiencia fascista, es preciso reconocer que opera una distinción entre el primer fascismo (el llamado fascismo-movimiento) que bien o mal estaba guiado por algunos ideales, y el segundo fascismo (el fascismo-institución) que por el contrario estaba dominado habitualmente por el exclusivo interés personal.
Siguiendo las enseñanzas de Erminio Juvalta, debo reconocer que la coherencia (incluso la coherencia de los jóvenes que se adhirieron al primer fascismo declarando abiertamente “me importa un comino morir”) constituye algo positivo que no debemos pasar por alto con excesiva facilidad. La idea de estar dispuesto a morir, a renunciar a la propia vida individual, por un determinado ideal (más o menos compartible) constituye ya un valor positivo.
Para combatir este movimiento era necesario, pues combatir, criticar y destruir el programa político y cultural por el que estos jóvenes estaban dispuestos a morir, mientras había que respetar su empuje ideal y su espíritu de sacrificio basado en una coherencia generalmente externa.
Cuando uno se encuentra frente a movimientos de este tipo, en realidad tiene siempre que vérselas con individuos y con militantes que resultan profundamente distintos del simple soldado que con mucha frecuencia es mandado al matadero o a morir por la patria sin conocer demasiado bien los auténticos motivos de fondo de una guerra que no obstante debe librarse en primera fila.
Hoy el fenómeno del arrepentimiento y el fenómeno de la delación nos muestran hasta qué punto ya no existe esta llama ideal y ese valor moral que por el contrario estaban presentes en movimientos profundamente equivocados como el de los fascistas.
La delación y el arrepentimiento llevan en realidad a una disgregación social y civil muy grave: ya no hay amistad que resista, ya no existen relaciones de solidaridad entre militantes, ya no existe ningún valor superior al que uno pueda referirse; triunfa tan solo el propio “particular” absoluto en nombre del cual, pisoteándolo todo y a todos, se está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de obtener una ventaja personal.
Todo esto me parece una grave muestra de decadencia civil y moral: además de las graves consecuencias que la legislación de excepción para el arrepentimiento ha aportado al nivel del ámbito legal e institucional, como antes se ha recordado, me parece que el aspecto más preocupante residiría en el global hundimiento moral que una situación de estas características induce en la sociedad civil.”




