EL PROLETARIADO ACTÚA SEGÚN SUS NECESIDADES

Poblado de los trabajadores en Deir-el-Medina que trabajaban en los templos funerarios del Valle de las Reinas. (Siglo XII a.n.e.)
Poblado de trabajadores en Barcelona Camp de la Bota y La Magoria (Siglo XX)
Poblado de trabajadores de Bellvitge entre los años 1965 y 1975.

LA INMIGRACIÓN EN EL ANTIGUO EGIPTO

En la antigua sociedad egipcia, miles de personas se dedicaban a la construcción e industria, vendiendo su mano de obra y conocimientos al Estado, recibiendo como salario, alimentos, vestido y herramientas, ya que el uso de la moneda no estaba establecido.    

Libios, Nubios, Hititas y otros procedentes de extremo oriente inmigraban hacia Egipto por ser el espacio faraónico el que disponía de mayor seguridad alimentaria y estabilidad política. Varias fuentes concuerdan en que estos inmigrantes se integraban en la cultura egipcia, aprendían el idioma, rendían culto a los nuevos dioses y trabajaban en los mismos oficios que los egipcios. Está documentado que los extranjeros trabajaron como orfebres, canteros, escultores, pintores e incluso escribas.

El salario de un día para un trabajador medio, sin distinción de si era egipcio o extranjero,  era de 10 hogazas de pan y una medida de cerveza; y el de un artesano de mayor categoría podía llegar a las 50 hogazas de pan. Los capataces y escribas recibían 72 sacos  de cereales al mes y el resto de trabajadores 52 sacos. Era común que recibieran, cuando se desplazaban fuera de sus comunidades, pan, cerveza, dátiles, verduras y agua potable.

Vivían instalados en poblados construidos por ellos mismos junto al lugar de trabajo donde vivían con sus familias. Había albañiles, canteros, pintores, tallistas de relieves y escultores. Todo parece indicar que estos trabajadores contratados para la construcción de las tumbas de la nobleza egipcia disfrutaron de un mejor nivel de vida que sus contemporáneos. No sabemos cuántos de ellos eran extranjeros en las obras de construcción de los edificios funerarios del Valle de las Reinas.

Los Escribas seguían de cerca los trabajos y registraban cualquier acontecimiento, el progreso diario de la obra, el material utilizado y hasta las ausencias al trabajo. No se ha localizado constancia escrita ni en papiros ni en ostracones sobre el origen geográfico de los trabajadores contratados.

De uno de estos Escribas, Amennajet, se halló un papiro, conservado hoy en el Museo Egipcio de Turín, catalogado con el Nro.1880, que mide 40,5 cm de ancho y 95 cm de largo.

En dicho papiro se relata que en Deir el-Medina, en el Valle de las Reinas, la huelga empezó el día 10 del mes de Peret en el año 29 de Ramsés III, 1166 a.n.e., es decir hace ya 3.192 años, y según se lee en el llamado Papiro de la Huelga, varias interpretaciones lo describen así:

“Año 29, segundo mes de la segunda estación, día 10. Este día el bando cruzó los cinco muros de la necrópolis, gritando: ¡Tenemos hambre! (…) y se sentaron a espaldas del templo de Tutmosis III en el límite de los campos cultivados”…

Al parecer cuatro meses después, el conflicto se reavivó de nuevo por una demora en los suministros y al reclamar, recibieron raciones insuficientes.  “Interrumpieron el trabajo y se dirigieron al templo, donde presentaron sus quejas, gritando: tenemos hambre, han pasado 18 días de este mes… hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni grasa, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor y al visir nuestro jefe, ¡que nos den nuestro sustento!”.

No hicieron falta ni partidos, ni sindicatos, ni legislaciones sobre huelgas, ni Estatuto de los Trabajadores, tan solo la necesidad empujó ya en tiempos tan lejanos, parar el trabajo como protesta.

Algo deberíamos haber aprendido.

¿Y HOY?

El proletariado sabe muy bien, o intuye, aunque tenga su existencia en sociedades en rápido proceso de descomposición, que su dignidad, su historia, su vida misma, siempre estarán en peligro si abandona la lucha de clases, si abandona la confrontación capital-trabajo en el seno de los procesos productivos; y si abandona el enfrentamiento ante la pérdida de derechos sociales adquiridos mediante tenaces luchas, como la vivienda, la sanidad, la educación y la cultura.

Las expresiones son diversas, no mantienen un patrón único. Depende de su grado de organización, de sus aspiraciones, de su arraigo, de su entorno, de su cabreo. Cuando el proletariado se encuentra huérfano de organizaciones políticas que vayan más allá del mero asistencialismo, sus reacciones a menudo son individuales y coléricas: agresiones intrafamilares, agresiones a profesionales sanitarios, a funcionarios del sistema educativo, a funcionarios de la administración local, y, en ocasiones a personas inmigrantes.

En todos los casos se busca un “chivo expiatorio” al cual hacer recaer la angustia creada por el sistema social imperante, dejando incólumes a los auténticos autores del desastre. En ocasiones este chivo expiatorio se materializa en las personas inmigrantes, presentándolas como responsables de la caída salarial, de la pérdida de derechos, del aumento de los alquileres, de la saturación en la seguridad social, del problema de la delincuencia, del abuso en las percepciones de ayuda social, etc. Pero…

EL PROLETARIADO NO ES RACISTA, NUNCA HA SIDO RACISTA

Los autores del incremento de estas percepciones son básicamente las formaciones que en tiempo lejano decían ser los portavoces de los trabajadores, y en consecuencia impulsaban la lucha de clases, un enfrentamiento entre capital y trabajo. Y a partir del último tercio del siglo XX, la aceptación de los grandes pactos sociales, en una gran operación de ingeniería política, los antaño defensores de los trabajadores, mutaron, cambiaron, trastocaron la lucha de clases y la fueron convirtiendo, poco a poco en una lucha de razas. Esta lucha de razas imprime su discurso en una teórica y falsa defensa de los “vulnerables”, entendidos éstos como minorías en el seno del proletariado, desviando la atención necesaria sobre la explotación y consecuentemente el establecimiento de una alianza entre proletariado autóctono e inmigrante, para priorizar la “defensa” de unas minorías en detrimento de los derechos sociales para las mayorías, que deben incluir al proletariado inmigrante.

Paralelamente, no siendo suficiente esta operación de debilitamiento del movimiento obrero organizado, inventaron una ristra de “vulnerabilidades” para fragmentar todavía más al proletariado e impedir la reorganización de la clase obrera.

La existencia de fuertes organizaciones obreras, las comunistas entre ellas, haría imposible esta fragmentación ya que defendería a la totalidad del proletariado, sin importar el origen. Tan solo  habría rechazo hacia aquellas personas que se situaran como fieles servidores del capital (el ejemplo de la inmigración interior española en la cual pululaban los falangistas y miembros de la guardia de Franco que los insertaban en los barrios obreros para disponer de un control sobre las personas que abanderaban las protestas)

Y actualmente, con el beneplácito o cerrando los ojos, las estructuras político-económicas permiten al lado de una inmigración económica, una inmigración mafiosa para nutrir  el tráfico de drogas y la prostitución, al mismo tiempo de una permisividad insospechada hacia las bandas de delincuentes que sirven de excusa para incrementar el número de fuerzas represivas y empujan a la mayoría de trabajadores a demandar “más seguridad”. Este tipo de inmigración la podemos calificar de quinta columna insertada dentro del proletariado.

El gran cambio de lucha de clases por lucha de razas ha sido la gran apuesta de la socialdemocracia y la raíz del florecimiento de organizaciones de la llamada extrema derecha, pues no han hecho otra cosa que hacer suyos los descontentos del proletariado como consecuencia de promover el victimismo de ciertas minorías a las cuales se les otorga una categoría especial mientras se degradan las condiciones sociales de la mayoría.

No fue por casualidad que en 1984 promocionado y financiado por el Partido Socialista francés se creó la ONG “SOS Racisme”, tras la ruptura con el socio de gobierno, el Partido Comunista, con motivo de la subordinación de Miterrand a los dictados del capital tanto francés como internacional, que en palabras de Marchais el 2 de Abril de 1984: “La política actual no respeta, ni en el espíritu, ni en la letra, los compromisos adquiridos en 1981 por Mitterrand“, en una coyuntura en la cual durante  1983 se bajaron los impuestos a las empresas, y se animó a la flexibilización y la vuelta a los beneficios, en medio de la “reestructuración industrial y siderúrgica” que incrementó el desempleo, los salarios se estancaron y se incrementó exponencialmente la inmigración. En este contexto la posición del Partido Comunista fue de proponer una limitación a una inmigración que no tenía asegurados unos ingresos mediante un puesto de trabajo, ni vivienda digna donde cobijarse.

Dicha ONG SOS Racisme, sirvió de ofensiva contra el Partido Comunista Francés tras la ruptura del pacto de gobierno y fue pionera en la mutación de la lucha de clases por la lucha de razas, que posteriormente se extendió por toda Europa. Concretamente en Catalunya se instituyó en el año 1989.

Veamos que dice la web oficial de SOS Racismo: “SOS Racismo en España, en sus distintas versiones territoriales, surge a fines de los años 80 y principios de los 90 del siglo XX, como respuesta al crecimiento de actitudes racistas y xenófobas entre la población española, y a la aparición de grupos racistas que comenzaban a actuar contra la incipiente inmigración… Siguiendo el ejemplo de Francia, donde unos años antes se había creado SOS Racisme France, se toma el mismo nombre para realizar una labor semejante”. https://sosracismo.eu/quienes-somos/

ESTE ES EL ORIGEN DEL LLAMADO RACISMO

Un invento desestructurante de la sociedad, de la destrucción de años de convivencia en los mismos espacios físicos, de la pérdida de dignidad, historia y cultura. Es la creación de “ghettos” geográficos y étnicos que los proletarios autóctonos, si pueden, abandonan. Viviendo de la asistencia social muchos de los integrantes de dichos ghettos, y con costumbres, idiomas y cultura totalmente alejados del resto del proletariado.

Solamente la existencia y tesón militante de una organización comunista podría cohesionar ambos proletariados, el autóctono y el foráneo, al mismo tiempo que organizar ambos para hacer frente conjuntamente a las constantes ofensivas del capital, como para enfrentar las lacras de la delincuencia, drogas y prostitución desde una posición de clase, evitando reclamar constantemente “mayor seguridad” a las fuerzas policiales, que son utilizadas básicamente para reprimir las luchas reivindicativas de la mayoría del proletariado.

El gran problema reside en la debilidad de los minúsculos fragmentos organizados de comunistas, debilidad que les empuja a aceptar lo “políticamente correcto”, por miedo a quedar rezagados, alimentando así a las fuerzas reaccionarias y abandonando la firmeza que debería caracterizar a quienes dicen optar por una sociedad antagónica a la actual, sin miedos al qué dirán, sino aferrados teórica y prácticamente, contra viento y marea, en la denuncia de la lucha de razas impuesta por la clase dominante y sus acólitos de la llamada izquierda, devolviendo la lucha de clases al lugar histórico que le corresponde.

Esta debería ser la apuesta contra el racismo de los comunistas:

SI a la integración de los inmigrantes trabajadores en la lucha conjunta contra el capital.

NO a la penetración de quintas columnas foráneas en el seno del proletariado para mantener su fragmentación, crear sentimientos de inseguridad y abastecer las mafias de la droga, la prostitución y la delincuencia organizada.

 

Josep Cónsola

Junio 2026