CONTRIBUCIÓN AL DEBATE SOBRE LA SOLIDARIDAD

Entre el 27 de octubre y 1 de Noviembre de 1.995 se realizó en la Habana un taller internacional bajo el lema “América latina ante el Tercer Milenio”. Evento al cual participé como invitado para presentar una ponencia que puse por título “Contribución al debate en torno a la solidaridad internacionalista”.

De esta larga ponencia, quisiera recuperar  algunos conceptos y consideraciones escritos hace más de treinta años pero que, como si el tiempo se hubiera detenido, o en retroceso, pienso que hoy son de rabiosa actualidad. Entre ellos destacaba el papel de las llamadas organizaciones no gubernamentales en el entramado solidario de las relaciones centro-periferia.

… En el capitalismo, la fuerza de trabajo aparece en la producción no como un factor de ésta, sino como factor del capital y a medida que crece la composición orgánica de éste, tiene lugar un descenso en la demanda de trabajo. La clase obrera, además de mercancías, produce acumulación de capital, y produce al mismo tiempo, los medios para su propio exceso relativo. Esta es la ley inexorable del exceso de población del sistema de producción capitalista. Pero poco a poco, la teoría revolucionaria ha ido desapareciendo de los análisis de las organizaciones obreras, sindicales y políticas en los países desarrollados, demasiado preocupadas en mantener su “status” de colaboración con el sistema, a cambio de un cierto nivel de vida y consumo.

… Las raíces autóctonas de la revolución cubana, los movimientos independentistas en África, la guerra de Vietnam, los movimientos guerrilleros en América Latina, la teorización sobre desarrollo-subdesarrollo y sus causas,… crearon las bases para nuevas formas de cooperación autónomas: Los movimientos de solidaridad antiimperialista, anticapitalista. En las nuevas formas de cooperación confluyeron revolucionarios de variadas tendencias en los Comités de Solidaridad. Paulatinamente, la mayoría de comités de solidaridad se han transformado en Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD,s), a efecto de poder acceder a los fondos de los Presupuestos del Estado dispuestos para realizar proyectos para ayuda al llamado tercer mundo. Así, la componente causal, base fundamental del trabajo de los Comités de Solidaridad se va diluyendo en una componente técnico-operativa para la realización de proyectos y para disponer de fondos para mantener la propia estructura de las ONGD,s, trastocando el concepto de internacionalismo proletario en el de Ayuda al Desarrollo… Actividad bajo el reconocimiento y aliento del Banco Mundial que las define como: “Organizaciones privadas que persiguen actividades para aliviar el sufrimiento, promover los intereses de los pobres, proteger el medio ambiente, brindar servicios sociales básicos o realizar actividades  para el desarrollo de la comunidad”.

… La actividad en una ONG a la vez que alivia la mala conciencia, permite recuperar la autoestima y “purgar un cierto sentido de culpa” derivado de una vida cada día más mediatizada en las sociedades de los centros de decisión imperialista, mediante un juego de simulación en el que se cae actuando como si realmente la “ayuda solidaria” resolviera la terrible desigualdad social a nivel internacional.

… La intervención de Luis Yáñez, en la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado español, el 6 de Abril de 1989, es fiel reflejo del concepto solidario Ayuda para el Desarrollo: “En la medida en que podamos contribuir aunque sea en nuestra modesta cuotaparte en la comunidad internacional, al desarrollo de los países que están en situación de profundo subdesarrollo, estamos también contribuyendo a nuestro propio desarrollo, a la defensa de nuestros propios intereses nacionales de mercado, de desarrollo de nuestra economía.”

… Ha transcurrido mucho tiempo desde que las iglesias tenían el monopolio de la cooperación con los países subdesarrollados desde una óptica asistencial-caritativa. Dentro de los países desarrollados industrialmente aparecieron las denominadas sociedades o fundaciones filantrópicas financiadas por empresas al amparo de leyes sobre el mecenazgo. La filantropía ha servido en la mayoría de sus actuaciones para el propio desarrollo de las empresas o sociedades que lo han ejercido. (véase en Anexo artículo de E. Richard Brown)

… Un caso típico es el de los laboratorios químico-farmacéuticos que realizan estudios epidemiológicos “gratuitos” y distribuyen diversos compuestos químico-medicamentosos, también “gratuitamente” en África, Asia o América Latina para saber los efectos sobre la población, antes de ponerlos a la venta en los países del centro imperialista. Todo ello dentro de vastos programas de “ayuda” que incluyen alimentos infantiles, vacunas, hormonas para ceba y un largo etcétera de productos químicos y fitosanitarios. No importa si mueren criaturas, personas adultas, animales o se envenenan los productos agrícolas.

… Mediante los denominados Programas de Desarrollo Cultural se han removido ruinas antiquísimas, realizado investigaciones antropológicas con el subsiguiente expolio de vestigios históricos, recopilado usos, costumbres y conductas de pueblos enteros que han ido a parar a los grandes laboratorios de ciencias sociales de las más prestigiosas universidades del mundo capitalista. Millones de datos, documentos, conocimientos que, como si de materia prima se tratara se han extraído del denominado tercer mundo, dándose la paradoja que cualquier estudiante mediocre de un país del centro imperialista tiene acceso a un caudal de conocimientos sobre cualquier país periférico, insospechado e inalcanzable para los propios pobladores de estos países.

… Tanto la intervención cristiana tradicional que advertía de la naturaleza divina de la diferencia entre poseedores y desposeídos y de la benevolencia del acto de la caridad; y la intervención liberal que incorporaba algún avance técnico como aporte filantrópico, han conseguido un objetivo: Mantener la diferencia, aumentar la diferencia y mantener la caridad y la filantropía.

… Básicamente la cooperación se basa en la donación de algún excedente, o en la creación de mínimas infraestructuras de supervivencia. Mediante estos mecanismos de funcionamiento se difuminan las contradicciones existentes entre las clases dominantes de los países desarrollados y sus sectores revolucionarios y entre las clases dominantes de los países subdesarrollados y sus sectores revolucionarios.

… Durante la guerra de Vietnam, ante la pregunta de si era posible derrotar a EE.UU., un miembro de la resistencia sudvietnamita respondió que eran necesarios dos factores:

  1. La decisión de las fuerzas revolucionarias sudvietnamitas de alcanzar la victoria y por lo tanto luchar por ella.
  2. La capacidad de las fuerzas revolucionarias de los países capitalistas desarrollados para enfrentarse a sus respectivos gobiernos y agudizar sus propias contradicciones, sobre todo dentro de EE.UU.

Tras esta breve reseña de algunos contenidos de la citada ponencia, un recordatorio: En fecha 3 de Enero de 1990, el entonces Ministro de Asuntos Exteriores francés, Roland Dumas lanzó al mundo un concepto que, aun no siendo nuevo de hecho, sí que supuso darle cobertura de derecho. Era el denominado DERECHO DE ASISTENCIA, INJERENCIA E INTERVENCIÓN allí donde la “democracia o los derechos  del hombre”, no se ciñeran a los estándares del imperialismo francés. La ONU no tardó mucho en asumir este “derecho” y así según criterio de los miembros permanentes sentados en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se ha podido constatar como desde entonces se han respaldado todas las invasiones a lo largo de la geografía terrestre. Y como resultado los gobiernos de los países del centro del sistema se atribuyen cuantos derechos interesen a los capitales trasnacionales que representan.

Respecto a los conceptos de desarrollo, subdesarrollo, democracia, autocracia, dictadura, etc.,  basados en cifras y porcentajes, decir que las cifras no son neutras, se transcriben en lenguaje político. Y dichos términos son la base de la propaganda o educación ideológica impuesta por los grupos o estados dominantes hoy en el mundo, un mundo que tomando las expresiones de Fernando Martínez Heredia es: TRANSNACIONAL EN LO ECONÓMICO en el cual no se pueden definir los orígenes ni composición nacional de los grandes capitales que se mueven vía sistemas informáticos de una punta a otra del planeta, que invierten grandes sumas en algunos países o simplemente desaparecen en otros. TOTALITARIO EN LO CULTURAL en el cual la homogeneización de conceptos vía sistemas educativos, de la investigación, la ciencia, las escalas de valores, los principios éticos,… responden a esquemas preestablecidos por el capitalismo globalizado. Y HOMOGÉNEAMENTE DEMOCRÁTICO entendido como la universalización del acto de renuncia al ejercicio político directo por parte del conjunto de la sociedad, y la concesión del derecho al ejercicio político a una casta privilegiada en sintonía con el sistema socio-económico imperante.

Siguiendo el hilo de los conceptos y definiciones trazadas por Fernando Martínez, cambiar el estado de las cosas desde una perspectiva de la lucha de clases, es afrontar el dominio económico, defender la historia y cultura autóctona y denunciar el “mercado del voto” a favor de una participación efectiva en las decisiones políticas.

Fernando Martínez no llegó a sufrir en propia carne la gran ofensiva globalista puesto que falleció en el año 2017. De todos modos sin haber vivido la guerra mundial desatada contra las clases populares bajo el subterfugio de pandemia y el robo de datos de miles de millones de personas mientras estaban encerrados “manu militari” en sus casas, ya avizoraba y describía un mundo distópico en el cual estamos completamente sumidos.

Es en este contexto distópico que debemos enmarcar la lucha de clases y la lucha por el socialismo, lucha en la cual el internacionalismo proletario, o la solidaridad de clase internacionalista deberían jugar un papel fundamental. Pero hay diversas lecturas e interpretaciones del concepto “solidaridad”. Empezando por el concepto elaborado por Émile Durkheim, siguiendo y actualizando el concepto mercantil latino “in solidum” que se refería a una relación obligatoria de relaciones, en una concepción de la sociedad como un “vaste atelier”, un todo.

Ya la definición de la III República francesa (1870 – 1940) tenía como filosofía oficial el “solidarismo”, una tercera vía frente al individualismo y al socialismo. La solidaridad para Durkheim es una acción social que consiste en el consenso espontáneo de las diferentes capas, clases o estratos en que se divide la sociedad dando como resultado la cohesión social, una de cuyas características es el nacionalismo que utiliza dicho concepto de solidaridad como elemento de integración social y de legitimación.

Ya en el año 1900, durante la Exposición Universal de París, se celebró el Congreso Internacional de Educación social, cuyo lema fue “La Solidarité”, en el cual participó Durkheim, que utiliza indistintamente y como sinónimos “cohesión” y “solidaridad”, siempre dejando de lado el conflicto y las contradicciones de clase en el seno de la sociedad. La gran paradoja es la de pretender cohesionar una sociedad manteniendo como una causa común, la dicotomía explotadores-explotados, opresores-oprimidos.

El Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia Javier de Lucas, respecto al tema de la solidaridad se pregunta: “Si queremos proponer la solidaridad como principio jurídico-político, la mayor dificultad viene dada por la exigencia ineludible de la distinción entre este principio y el de igualdad: Una vez reconocida jurídicamente la igualdad, ¿Para qué, sino a efectos retóricos, acudir a la solidaridad?”

De todos modos, al igual que en muchos conceptos elaborados por las clases dominantes, el concepto solidaridad, aun sin comprender su origen y característica, lo han abrazado las distintas corrientes sindicales y políticas de la clase obrera. Concepto que, para poner el ejemplo de España, el movimiento libertario publicaba su periódico más popular con el nombre de “Solidaridad Obrera” existente desde 1907 hasta 1939.

Tras el golpe de estado franquista y la derrota republicana, desde el año 1939 hasta 1979, la dictadura publicó un periódico de gran tirada, popularmente llamado “La soli”, cuyo nombre era “Solidaridad Nacional”. Un mismo concepto fue utilizado por corrientes políticas totalmente antagónicas.

Pero un sinónimo de solidaridad, en un contexto no mercantilizado, es de Ayuda Mutua, con la diferencia que el primer concepto no concreta el alcance de dicha solidaridad, en cambio el segundo si la concreta, es un hecho tangible. A este respecto, cuando realicé el análisis del cambio constitucional cubano de 1992, el Artículo 12 de la Constitución de 1976, apartado C, establecía: “”LA REPÚBLICA DE CUBA… CONSIDERA SU DERECHO Y SU DEBER INTERNACIONALISTA AYUDAR AL AGREDIDO Y A LOS PUEBLOS QUE LUCHAN POR SU LIBERACIÓN.”. Y el cambio constitucional en el año 1992, modifica el mismo Artículo 12 y lo cambia por: “LA REPÚBLICA DE CUBA… CONSIDERA SU DEBER INTERNACIONALISTA SOLIDARIZARSE CON EL AGREDIDO Y CON LOS PUEBLOS QUE COMBATEN POR SU LIBERACIÓN Y AUTODETERMINACIÓN.”

Como podemos apreciar,  se realiza un cambio trascendental de “Ayuda” a “Solidaridad”, y a este respecto yo realizaba la siguiente consideración: “La ayuda es un acto material, tangible y de constitución física. La solidaridad es un concepto abstracto, que puede materializarse en ayuda física, o no”.

Y por ello debemos reflexionar si el denominado internacionalismo proletario debe sustentarse en una etérea verborrea solidaria o convertirlo en un acto tangible. De una realización u otra es cómo podemos medir el grado de compromiso real con el internacionalismo proletario, o el lema de ¡Proletarios de todos los países. Uníos!

Las flotillas solidarias, los ayunos solidarios, alimentos solidarios, ropa solidaria, solidaridad con las víctimas, con los desahuciados, con los pobres, con…, Son gestos perfectamente organizados desde el poder para diluir la lucha de clases en una nebulosa que no requiere más compromiso que simbólicas protestas o participación voluntaria en ONGs, para lavar la conciencia.

La ayuda mutua sería ofrecer nuestro techo a los desahuciados, ofrecerles nuestra ropa, nuestros alimentos, nuestros bienes materiales y poner en peligro nuestra propia integridad física para luchar a su lado contra las injusticias; a cambio de ello la ayuda real y participación de estas personas en una misma lucha. De no ser así, de no existir esta reciprocidad, pienso que erraríamos el concepto.

¿Deberíamos repensar las palabras y conceptos que empleamos? ¿No será que el poder se ha apropiado del vocabulario cultural proletario, nos lo ha devuelto “descafeinado” y lo hemos usado sin pensar en ello?

 

Josep Cónsola

Junio 2026