Lenin planteó en 1920 la afirmación del “análisis concreto de la situación concreta”, estableciéndolo como guía teórica para el desarrollo del marxismo. El análisis concreto de la situación concreta obliga a considerar los hechos como tales, fruto de una minuciosa observación de nuestro entorno, ser capaces de captar los fenómenos sociales que, como describió Karl Kosik significa indagar y describir como se manifiestan dichos fenómenos y también como se ocultan al mismo tiempo.
Marx en la carta a Engels del 27/6/1867 lo expresaba de este modo “Si los hombres captasen inmediatamente las conexiones ¿para qué serviría la ciencia?”, y se repite en el Tomo III de El Capital, sección VIL, capítulo XLVIII “Toda ciencia estaría de más, si la forma de manifestarse las cosas y la esencia de éstas coincidiesen directamente.”
Si partimos de asumir como definitiva e inquebrantablemente cierta, una base hipotética y la consideramos como teoría, las observaciones objetivas de la realidad son en muchas ocasiones solamente INTERPRETACIONES, elaboradas en función de lo que creemos cómo debería ser si la observación operase tal y como predice dicha teoría, pero cuando la convicción tiene un predominio absoluto sobre la observación, es difícil ver lo observado.
El análisis concreto de la realidad concreta debe incorporar elementos objetivos, cuantificables, pero al mismo tiempo aquellos elementos subjetivos que no afloran a primera vista pero forman parte de la esencia del desarrollo social, cuyas manifestaciones esporádicas no reflejan el estado anímico de la sociedad.
¿Cuáles son las reacciones populares? ¿Cuáles las personales? ¿Cuál es el papel de la subjetividad en dichas reacciones? ¿Cómo observarlas para poder actual en consonancia? ¿De qué datos y fuentes nos nutrimos?
La dialéctica es el pensamiento crítico que quiere comprender la “cosa misma”, y siendo esta “cosa” la sociedad en que vivimos, se pregunta sistemáticamente cómo es posible llegar a la comprensión de la realidad. Es, pues, lo opuesto a la hipótesis doctrinaria.
Puesto que las cosas en la sociedad no se presentan directamente como son y mayormente no poseemos la facultad de penetrar de un modo directo e inmediato en la esencia de ellas, se tiene que dar un rodeo para poder conocer las cosas y su estructura.
Deberíamos preguntarnos cómo tras los escándalos de corrupción, tanto en formaciones políticas mayoritarias, como minoritarias, en los festivales electorales una inmensa mayoría apuesta por estas mismas formaciones, en un intercambio temporal para que todas ellas puedan hacer gala del nepotismo y subordinación al entramado financiero, y cultural tanto nacional, como internacional.
Marx distinguía el método de investigación del método de exposición. Sin embargo, el método de investigación muchas veces queda subordinado al método de exposición para que éste quede encajado dentro de un marco establecido previamente, ocultando en su presentación lo que debería ser algo transparente, comprensible para poder actuar políticamente desde una perspectiva revolucionaria.
El método de investigación comprende tres grados:
1) Asimilación minuciosa del tema a investigar, pleno dominio del mismo incluyendo todos los detalles posibles (objetivos y subjetivos).
2) Análisis de las diversas formas de desarrollo.
3) Indagación de coherencia interna, es decir, “determinación de la unidad de esas diversas formas de desarrollo”. (Marx, El Capital, Postfacio a la segunda edición)
Deberíamos repensar el modo en que realizamos las afirmaciones, si éstas se basan de un correcto método de investigación o si son fruto tan sólo de una superficial observación de aquellos aspectos parciales que corresponden con la descripción de un voluntarista “deber ser”.
En política, mayormente, lo superficial esconde lo real. Así cuando observamos las movilizaciones derivadas de la negociación para un convenio colectivo de trabajo, y definimos éstas como un avance ideológico importante de la clase obrera, no tenemos en cuenta que se trata de una organización en precario que se desintegra en el momento en que las partes llegan a un acuerdo, por malo que sea, sin solución de continuidad hasta el próximo momento de negociación colectiva. Actos como el descrito debemos valorarlos positivamente como un cierto grado de enfrentamiento con la representación del capital y cierta rebeldía por no obtener mayores compensaciones económicas, siempre dentro del mismo sistema de explotación y de relaciones sociales.
Si realizamos la valoración partiendo de un análisis materialista sobre avance o retroceso de la conciencia de clase, que lleve aparejada una perspectiva de avance hacia un cambio social, ya no podemos hacerla tan positivamente, y esto debe llevarnos a la conclusión de que no hemos sabido, o no hemos podido ayudar a realizar un salto cualitativo. Hemos seguramente colaborado defendiendo los intereses inmediatos, pero no hemos logrado que se entre en defensa de los fundamentales, aunque los dos vayan unidos. No es posible luchar por los intereses fundamentales, sin la lucha por los intereses inmediatos, aun a sabiendas que casi siempre el logro de los intereses inmediatos frena la lucha por los fundamentales, y debemos saber movernos dentro de esta contradicción.
Esta es la gran diferencia entre los partidarios de una evolución gradual hacia el socialismo y los de revolucionar la lucha de clases para alcanzar el socialismo o la diferencia entre una organización comunista o una de tradeunionista.
Tal vez vale la pena retener en la memoria las consideraciones de Lenin respecto a la organización de un partido revolucionario, expresadas en su ¿Qué hacer? Este fragmento dibuja precisamente una diferencia fundamental (cuando Lenin habla de “economista” no se refiere al profesional como lo entendemos hoy, sino al sindicalista que pone por delante o únicamente la reivindicación económica) Dice así: “recuerdo como si hubiera ocurrido hoy la conversación que sostuve en cierta ocasión con un “economista” bastante consecuente al que antes no conocía. La conversación giraba en torno al folleto ¿Quien hará la revolución política? Pronto convinimos en que el defecto principal de este folleto consistía en dar de lado el problema de la organización. Nos figurábamos estar ya de acuerdo, pero…, al seguir la conversación, resultó que hablábamos de cosas distintas. Mi interlocutor acusaba al autor de no tener en cuenta las cajas de resistencia, las sociedades de socorros mutuos, etc.; yo, en cambio, pensaba en la organización de revolucionarios indispensable para “hacer” la revolución política. ¡Y en cuanto se reveló esta discrepancia, no recuerdo haber coincidido jamás con este “economista” sobre ninguna cuestión de principio! ¿En qué consistía, pues, el origen de nuestras discrepancias? Precisamente en que los “economistas” se apartan a cada paso de las concepciones socialdemócratas para caer en el tradeunionismo, tanto en las tareas de organización como en las políticas. La lucha política de la socialdemocracia es mucho más amplia y compleja que la lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno. Del mismo modo (y como consecuencia de ello), la organización de un partido socialdemócrata revolucionario ha de ser inevitablemente de un genero distinto que la organización de los obreros para la lucha económica”
Estas consideraciones pueden ayudarnos a repensar la cuestión organizativa, cuando esta queda subordinada a buscar futuros militantes dentro de cualquier “movimiento” cuya existencia es debida a temas coyunturales, etéreos o fragmentados, aunque estén diferenciados de los meramente económicos, con visiones parciales, cuyas expresiones se concretan en una especie más cercana al “tradeunionismo político” que no a una perspectiva revolucionaria.
Siguiendo el hilo conductor del ¿Qué hacer? Lenin plantea la siguiente pregunta: ¿Será cierto que la lucha económica es, en general, “el medio que se puede aplicar con la mayor amplitud” para incorporar a las masas a la lucha política?
Y responde: Es falso por completo.
Continúa: “¡Así pues, tras la pomposa frase de “dar a la lucha económica misma un carácter político”, que suena con “terrible” hondura de pensamiento y espíritu revolucionario, se oculta, en realidad, la tendencia tradicional a rebajar la política socialdemócrata al nivel de política tradeunionista! Hemos hecho todavía muy poco, casi nada, para lanzar entre las masas obreras denuncias omnímodas y actuales. Muchos de nosotros ni siquiera comprendemos aún esta obligación suya y seguimos espontáneamente tras la “monótona lucha cotidiana” en el estrecho marco de la vida fabril”
La mayoría de las exposiciones de formaciones políticas comunistas se centran en los “puestos de trabajo”, en porcentajes de dedicación profesional a tal o cual gremio, de sus mayores o menores capacidades de lucha reivindicativa, sin tener en cuenta lo que, otra vez en referencia a Lenin opinaba al respecto: “En efecto, esa “lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno”, con que ustedes presumen como si hubieran descubierto América, la sostienen en numerosos lugares perdidos de Rusia los propios obreros, que han oído hablar de huelgas, pero que quizá nada sepan de socialismo. Esa “actividad” nuestra, de los obreros, que todos ustedes quieren apoyar presentando reivindicaciones concretas que prometen resultados palpables, existe ya entre nosotros; y en nuestra minúscula labor cotidiana, sindical, nosotros mismos presentamos esas reivindicaciones concretas, a menudo sin ayuda alguna de los intelectuales. Pero esa actividad no nos basta; no somos niños a los que se pueda alimentar sólo con la papilla de la política “económica”; queremos saber todo lo que saben los demás, queremos conocer detalladamente todos los aspectos de la vida política y tomar parte activa en todos y cada uno de los acontecimientos políticos”…El movimiento obrero espontáneo sólo puede crear por sí mismo el tradeunionismo (y lo crea de manera inevitable), y la política tradeunionista de la clase obrera no es otra cosa que la política burguesa de la clase obrera”.
MEJORAR DENTRO DEL SISTEMA O CAMBIAR EL SISTEMA
No hay que despreciar la lucha por la consecución de mejoras dentro del sistema, pero hay que analizarlas en su justa medida. El sistema imperante se basa en unas leyes: las de la oferta y la demanda. Si ubicamos la lucha de clases en función de estos parámetros, veremos que a mayor número de desempleados, menores conquistas sociales y menores protestas; a mayores necesidades productivas del capital, mayores conquistas sociales y mayores protestas. Así como podemos constatar luchas reivindicativas en sectores productivos en auge, podemos constatar al mismo tiempo la aceptación de recortes salariales, despidos, incrementos de productividad… en otro número importante de centros productivos, siendo éstos generalmente pertenecientes a empresas multinacionales.
Simplemente podemos ubicar la lucha reivindicativa sindical en un mercado de oferta y demanda, inherente al sistema político, sin intentar sobrepasarlo.
ACERCAR LA JUVENTUD A LA LUCHA POR EL SOCIALISMO
Del análisis concreto de la situación concreta, deberíamos aprender a discernir lo superficial de lo intrínseco, lo mirado de lo visto, lo interpretado de lo analizado.
A los comunistas poco debe importarnos cuantas personas están asalariadas en la industria, la construcción o si son funcionarios: debe importarnos conocer cuáles son los ingresos familiares por deciles poblacionales, a cuánto ascienden las transferencias intergeneracionales dentro de las unidades familiares, a cuánto asciende el ahorro de los hogares españoles (más de 1,5 billones de euros), cuál es la realidad en la tenencia de viviendas en España (26.600.000) cuántas de ellas son viviendas principales (18.500.000) y cuántas segundas residencias (8.100.000). Cuántas de éstas segundas residencias pertenecen a la clase obrera del siglo XX, convertida hoy subjetivamente en clase media. A cuánto asciende el valor patrimonial de dichas viviendas… Y entonces tal vez podremos acercarnos a un problema que a primera vista parece irresoluble y se atribuye solamente a la ofensiva ideológica del capital: El porqué la juventud no tiene interés de acercarse a la propuesta comunista.
¿Será porque esperan pacientemente el óbito de sus progenitores, padres o abuelos, y disponer de un patrimonio no ganado, sino heredado? ¿Será también por ello que se dedican a formar parte circunstancialmente a “movimientos” etéreos, solidarios, internacionalistas, ya que pueden vivir de las transferencias intergeneracionales, sin tener que estar sometidos obligatoriamente a un régimen de trabajo asalariado, o dilatando sus estudios académicos?
Una pregunta que al parecer no quiere realizarse es la siguiente: ¿Por qué en la llamada “marea pensionista” no acude ningún joven o no tan joven, y solo aparecen jubilados a los cuales no está previsto que les afecte las pérdidas de derechos que van a sufrir las próximas generaciones? ¿Será porqué aprecian una cierta seguridad en su futuro, debido al ahorro de sus progenitores?
Y ¿Si los revolucionarios ya viejos pusieran su patrimonio a disposición de un proyecto político, cambiaría la percepción que tienen sus hijos o nietos?
Debemos tener en cuenta un dato preciso: Las rentas brutas de los hogares españoles suponían en el año 2022, casi las tres cuartas partes del Producto Interior Bruto español, generadas por los mayores de 55 años de edad.
Mientras el discurso esté precedido por una apología del victimismo y de la miseria, y por lo tanto todo el peso de la acción política se base en estos parámetros, dejaremos de realizar una labor pedagógica de formación político-ideológica que nos permita avanzar en la organización comunista.
Si se analiza la riqueza de la familias (activos menos deudas) y las ISFLSH (Instituciones Sin Fines de Lucro al Servicio de los Hogares) contaban con 1,71 billones de euros, según las cuentas financieras publicadas por el Banco de España. Debido a la combinación de mayor ahorro y de revalorización de determinados activos en manos de ese colectivo (valoración de las viviendas).
El saldo total de activos financieros (dinero en efectivo, acciones, depósitos y valores en renta) de los hogares e ISFLSH alcanzó niveles máximos de 2,48 billones de euros, cifra equivalente al 214,1% del PIB. Por componentes, el grueso de los activos financieros de los hogares se encontraba en efectivo y depósitos (el 41% del total), seguido de participaciones en el capital (25%), seguros y fondos de pensiones (16%) y participaciones en fondos de inversión (15%).
España no es un país pobre, es un país rico, con una bolsa de pobreza relativa correspondiente a un decil de la población (10%), a la cual se dedican enormes presupuestos en asistencia social, que en contrapartida reducen los derechos adquiridos de los cinco deciles siguientes (60%), que corresponden a lo que podemos denominar el grueso del proletariado.
Y tres deciles (30%) son los correspondientes a la nueva burguesía, que engloba a la “izquierda caviar y cocaína” junto a las grandes fortunas.
Esta es una radiografía aproximada de la sociedad española, y en consecuencia debemos actuar. Preferentemente hacia los nietos del proletariado del siglo XX que han tenido la posibilidad de cursar especialidades universitarias o técnicas de todos los órdenes, para, mediante un denodado trabajo de formación política-ideológica, pongan sus conocimientos al servicio de la lucha revolucionaria por el socialismo.
Mientras la preocupación sea limitar las carencias del decil más desfavorecido, no haremos otra cosa que construir una Caritas laica a imagen y semejanza de cualquier institución religiosa o filantrópica, pero no avanzaremos hacia la meta que debe presidir una organización comunista.
Josep Cónsola
Junio 2026





